Grandmaster Flash, muy viejo para el hip hop, muy joven para morir

Por Adrián Ávila

Se comprende mucho de un género musical cuando se aprecia una muestra de sus inicios en vivo. El Foro Normandie fue testigo de ello el pasado sábado 28 de octubre con la presentación de Grandmaster Flash. Pues con el espectáculo del dj de Barbados, no sólo se pudo apreciar el espíritu primigenio del hip hop, sino lo alejados que estamos de él.

Estamos muy lejos de los inicios del hip-hop. Desde aquella fiesta que Dj Kool Herc amenizó en los años 70 al sur del Bronx en el 1520 de la Sedgwick Avenue, el género ha evolucionado a pasos agigantados. Existe un enorme abismo entre el Planet Rock (1986) de Afrika Bambaataa y el Endtroducing….. (1996) de Dj Shadow. Sin embargo, más allá de la diferencia entre álbumes de estudio, existe la diferencia entre presentaciones en vivo.

He presenciado muchos conciertos de dj en vivo. Desde la desastrosa mezcla de Jaime XX en el House of Vans, hasta el virtuosismo de James Lavelle en el Plaza Condesa. Y en todas ellas, me hayan gustado o no, me sentía parte del evento, como si todo fuera parte de cierta norma. Sin embargo, ante Grandmaster Flash me sentí ajeno.

No era que su setlist fuera extraño, hubo cosas conocidas: The Message, «Walk This Way» de RUN DMC, «California Love» de 2pac, «Apache» de The Incredible Bongo Band, «Let’s Dance» de David Bowie y hasta «Suavemente» de Elvis Crespo. Lo extraordinario era su forma de mezclar y seguir la secuencia entre las pistas.

Es cierto que a Grandmaster Flash se le reconoce por incorporar una forma, sustancial para el género, de mezclar las canciones. Al romper con el tabú de no tocar los discos, pudo mejorar la transición entre una pieza y otra. No cortaba simplemente una canción para pasar a otra, las expandía para lograr que se incorporaran una con otra y así generar una nueva experiencia musical.

Eso sucedió hace casi 40 años y aunque la inventiva de Grandmaster Flash revolucionó su época, ahora resulta un poco tosca para quienes estamos acostumbrados al hip hop moderno. Repentinamente cortaba las canciones en el mero clímax y pasaba a otra, o bien combinaba una tras otra de forma tan rápida que uno se perdía.

Pero no me malinterpreten. Con esto no quiero decir que el concierto de Grandmaster Flash fuera malo, ni mucho menos. Al César lo que es del César. Apenas las luces se apagaron y el silencio se empozó en las gargantas de todos, sentí el vértigo de mirar a un pasado tan lejano. Entonces el sonido de la aguja rayando la tornamesa me integró a un continuo deleite musical que en otros conciertos jamás había experimentado.

En estos días, la presentación de Grandmaster Flash no sólo se disfruta, se reflexiona. Verlo en vivo ayuda a comprender mejor documentales como Scratch (2001), Hip Hop Evolution (2016), The Show (1995) y otros más que narran la historia del género. Pues entendemos que la vida del hip-hop está más allá de los registros y que no es algo tan homogéneo.

No puedo decir más de Grandmaster Flash que no resulte obvio. Bailé, grité y cerré los ojos para envolverme con el sonido, como la mayoría. El sonido del Foro Normandie es excelente y lo pequeño del lugar me pareció bastante adecuado para algo tan íntimo, como si se emularan las fiestas de hip-hop al sur del Bronx en los años 70.

Ver a Grandmaster Flash es algo que se deben todos los fanáticos del hip hop, pues, aunque no estuvimos en Nueva York hace más de 40 años para presenciar su nacimiento, aún podemos apreciar un poco de su esencia a través de los vestigios vivos que quedan aún rayando los discos con sus dedos primigenios.