Sonidos para un mundo fragmentado: nuestros álbumes favoritos de 2017

Hace un par de años iniciamos una tradición en Crash, la de hablar sobre aquellos discos que durante 365 días nos fascinaron. En 2015, la lista fue robusta y variada: 20 álbumes. Para 2016, la apuesta fue más grande: reunir a músicos, críticos y escritores, lo que dio como resultado una lista bastante ecléctica. En 2017, buscamos hacer un balance. Simplemente, decidimos elegir nuestro disco más escuchado del año que termina sin más pretensiones. Hay dos álbumes mexicanos, uno argentino y otros británicos y estadounidenses. Lo que abunda es la variedad de gustos. No quisimos poner «lo mejor», «lo más destacado», «el top X». En un mundo fragmentado, creemos que lo que debe prevalecer, eso sí, es la crítica: por qué este álbum nos hizo darle replay más de una vez a un disco.

Thundercat—Drunk (Brainfeeder)

Por Alejandro González Castillo

Stephen Bruner es un músico verdaderamente avezado, un virtuoso que, a diferencia de la mayoría de los que conforman su especie, ha optado por hurgar en sus entrañas a la hora de hacer música, en lugar de obsesionarse con la frivolidad de poseer las falanges más rápidas del planeta. Jefe de mata encrespada y corazón grandote, con su bajo colgado de los hombros, aquí, en su tercer álbum, se hunde en jarabes para alcohólicos y se pone bien persa con chorros de funk, soul, jazz, rap y demás pomos con denominación de origen negra; todos servidos en dosis bien cuidadas por un barista calado ante bebedores del calibre de Kendrick Lamar, Childish Gambino, Kamasi Washington y Flying Lotus (sus usuales compañeros de juergas sónicas). Más de veinte composiciones las aquí concentradas. Para escucharlas borracho. O crudo. O en ambos estados al mismo tiempo. Música para valientes, pues.

 

Los Espíritus— Agua ardiente (Alto Valle)

Por Alejandro González Castillo

Se nos olvida que en Latinoamérica hay selvas más oscuras que el paladar de un coyote por la madrugada, montañas tan altas que las piedras tapizadas con moho que las conforman se confunden con las nubes, mares cuya hondura espantaría al mismísimo Kraken y vientos de una urgencia tal, que a su lado la velocidad del sonido se asemeja al trote de la tortuga que quería rifarse una carrera con la liebre. Se nos olvida todo eso porque el dinero, la sangre y el humo que hacen que la tierra gire nos provocan amnesia. Pero luego aparece un disco como éste, firmado por un puñado de argentinos que, hasta donde alcanza oírse, se pasa por los sobacos las tendencias de moda porque le tiene sin cuidado ser la banda cool del momento. Y así, sin poses, nace lo que tiene que nacer. Existe lo que importa que exista. Los Espíritus provocan que corran las lágrimas, ésas que arden en hogueras avivadas por cantos místicos; las tonadas que sueltan los chamanes que se aferran a usar guitarras eléctricas.

 

The War On Drugs —A Deeper Understanding (Atlantic)

Por Aarón Enríquez

«Am i just living in the space between the beauty and the pain?»

A. Granduciel

Un montón de preguntas sin aparente respuesta es lo primero que notas al escuchar pieza tras pieza de uno de los álbumes más bellos que se hicieron este 2017, una inquietante búsqueda sin retorno que añora al costumbrismo y la simpleza de la vida cotidiana al tiempo que absorbe, sumergido en un enorme signo de interrogación, las vicisitudes que vienen inevitablemente con la mediana edad. El cuarto LP de la banda liderada por Adam Granduciel ha logrado lo que pocos pensaban que era posible después del gran Lost In The Dream de 2014, que es mantener los más altos niveles de exigencia tanto de la crítica especializada como de los propios seguidores. El contrato recién firmado con Atlantic Records y el excelente par de años que siguieron tras ese 2014 de ensueño, permitieron a The War On Drugs enclaustrarse a grabar en donde ellos quisieron (incluso utilizar simultáneamente los mismos estudios que utiliza alguien como Dave Grohl), para dar rienda suelta a la obsesión sonora de Granduciel, quien le mete mano a la producción con la asistencia de Shawn Everett. Capas sobre capas de instrumentación, una minuciosa experimentación con los teclados, los cuales exploran sin pudor conforme avanza el álbum y le dan una sutil modernidad al sonido de la banda; un excelso uso en los solos de guitarra (muy cuidados como siempre) confrontan cara a cara al Granduciel que se sabe observado por el «mundillo» y en lugar de ponerse a inventar lo que no sabe, continúa por la ruta de lo que ya se le ha destacado (está el jefe Springsteen, Dire Straits o Tom Petty) para colocar al rock norteamericano, con todo y sus guitarras, en un lugar que nadie imaginaba a estas alturas. Es decir, justo en el epicentro de aquello que aún remueve el atole que hay en nuestras venas para hacernos cuestionar, con los oídos saturados de belleza, si eso que se siente cuando un riff te pincha directo en la incertidumbre, es todavía dolor.

 

 

Thundercat— Drunk

Por Guadalupe Rosas Gómez

Mientras se libra la batalla de los géneros musicales, Thundercat ni siquiera los advierte. Stephen Bruner se lanza con su bajo y una gradación que va del funk al electro mientras coquetea con el hip hop y diversas derivaciones. En la vieja tradición de los álbumes integrales donde todas las canciones cuentan, podemos encontrar relajadas letras como A fan’s mail, una sensual «Walk on by» en la que comparte tono con Kendrick Lamar o la popular «Them Changes» donde el expertise de Flying Lotus y el sax de Kamasi Washington la colocó como la favorita desde hace tiempo. Punto aparte es «Friend Zone», funk que recita: “I’ll throw you in the garbage, ‘cause you play too many games”. Joya alegre de letra hiriente.

 

The XX—I See You (XL Recordings)

Por Juan Carlos Hidalgo

Quiero creer que la construcción de la identidad sexual y existencial es un proceso abierto y que es muy urgente para las nuevas generaciones. Se intentan mantener con vida a las relaciones afectivas por mucho que el amor parezca un animal en extinción. Y esta parece ser la crónica vuelta disco de un triunfo y una sobrevivencia. Aunque se vistan de negro total, han entregado su disco más luminoso a la fecha y en el que cabe un viso de esperanza. A su electrónica lenta y a su R&B digital han agregado otras partículas de la música negra –con el soul por delante- y probado con estructuras rítmicas propias para el baile más elegante y hedonista.

Se trató de un disco que apareció en enero y desde entonces fue creciendo en importancia; es una colección de canciones superlativas que hacen eco de una generación y una sensibilidad particular. Tengo la certeza de que brindan un sentido vital a muchos escuchas. Son piezas útiles para irse construyendo a sí mismos. Ellos saben de contención y prudencia, su música es refinada y emocional a partes iguales. Algo subyace ahí que toca fibras profundas sin olvidar que para existir también hay que fiestar. Escúchese completo, que es lo que maximiza la experiencia.

 

Los Espíritus — Agua Ardiente (Alto Valle)

Por Diego Espíritu

Instantáneo parteaguas de un mundo con rebabas de óxido, dilapidado en el acero de las cuerdas de Miguel Mactas; decantación armónica de lo complejo por Martin Fernandez, en la aparente simpleza del goteo uniforme de su bajo; la deformidad que escapa —como diría el flaco— del sonido bien retorcido del Gratitud y también del primero —el homónimo—, al contrapunto vocal de Santiago Moraes y Maxi Prietto & ¡rayos! entiendo de a poco que los fantasmas nos interceptan floreados: la resistencia cruda del Agua ardiente como un espacio familiar que no posterga el random de Charly, pero salta en pasajes a la tortoise a otro nuevo donde se junta el cielo negro con el negro del mar: Los Espíritus at their best simplemente. Estadios se llenan y el inconsciente se subleva en cánticos multitudinarios a estos cracks del rock porteño, con Pipe Correa y Fernando Barreyro dictando el tiempo mismo & el séptimo espíritu, Nacho Perotti, orquestando las directrices. La cosmogonía de la esperanza se enuncia siete veces en siete nombres.

 

La Banda Bastön—Luces Fantasma – (Homegrown Entertainment/420 Ideas)

Por Eduardo H.G.

El 21 de julio de 2017 La Banda Bastön presentó Luces Fantasma en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris. Una noche histórica: el grupo más sólido del rap mexicano en un recinto no habituado al hip hop dando un show colosal. Luces Fantasma es mi disco mexicano del año y uno de los mejores logrados del género en Iberoamérica, producto de años de trabajo de Muelas de Gallo y Dr. Zupreeme. Y marca un paradigma: llega en el mejor momento del género y lo proyecta fuera de sus aparentes límites. La imaginería de Muelas abreva de la cultura chilanga, sus demonios y su sensibilidad de narrador innato, mientras que Zupreeme se confirma como productor de grandes ligas. El disco es un tríptico de relaciones, calle y ego; un viaje desde la profundidad del «cochinero existencial» («Oro», «Cárcel») a la autocelebración («Señor Malo», «Loco», «Gracias»), pasando por la realidad brutal («Barriobajeros», «I´m in la calle», «Hasta la muerte y después»), así como por la sordidez amorosa («Miénteme más», «Martes 13», «Luces Fantasma») y otros paisajes memorables («Constelaciones», «Me haces mal»). Todos los bajos son de Ra Díaz (Suicidal Tendencies), la mezcla de Joe «The Butcher» Nicolo y el mastering de «Big Bass» Brian, quien ha trabajado con Dr. Dre y Kendrick Lamar. Qué resultado. Luces Fantasma lleva juego al siguiente nivel. Hasta el rap y después.

Silvana Estrada—Lo Sagrado

Por Karen Fabián

Lo Sagrado es el título que da nombre al disco y al primer tema también. Con un compás de cinco cuartos, la canción arroja su energía sobre la totalidad del álbum, que emana una energía preciosa. Para salvar destinos es una composición del baterista Alex Lozano en la que Silvana únicamente escribió la letra. Comienza con una línea de bajo clarísima y con una base de batería de estilo moderno. Para mí es la mejor canción del disco, pues evidencia la postura de Silvana ante la vida y el canto: “canto porque no puedo con las ganas de gritar/ muero por cada muerto y en cada risa he de sanar”. Casi al final un motivo musical permite a la voz entretejer, a manera de estribillo, lo que ya se anunciaba al inicio del disco: lo sonoro no es distinto de la parte lírica. El disco se grabó en una semana y fue lanzado en noviembre. Lo componen diez temas que difícilmente podríamos catalogar como jazz, aunque es evidente la presencia del mismo en todas las composiciones, así como de ritmos tradicionales.

Definitivamente, la escucha de Lo Sagrado es una vivencia maravillosa. Letras escritas desde el corazón e interpretaciones llevadas a cabo con la emoción del infante. No es un exceso decir que el futuro de Silvana Estrada no es incierto, su voz se perfila como referente nacional. La experiencia del disco es, efectivamente, de lo sagrado.

 

Kendrick Lamar—Damn.

Por Adrián Ávila

Quizás Kendrick Lamar no creó la obra del año, pero sí el álbum que necesitábamos escuchar. Con tan sólo atender a los primeros versos, “Is it wickerdness?/ Is it weakness?/ You decide/ Are we gonna live or die?, comprendemos tema, tono y ritmo. Porque Damn. es un canto crítico que nos incita a cuestionarnos lo perverso y la debilidad en nuestra sociedad actual.

Kendrick creó una polifonía con la particularidad de su voz. Diferentes personajes emergen de su garganta, cada uno con diferentes problemas creando así una atmósfera de amplias perspectivas. No hay un lado completamente negro o blanco, sino el difuminado de una época llena de tensiones sociales alrededor de un mundo fragmentado. Los contrastes son nítidos y la narrativa de Kendrick ayuda a entenderlos a través de la anécdota.

¿Quiénes somos cuando queremos ser humildes, perversos, lujuriosos o leales? Todo ellos lo reflexionamos con «DAMN.», pieza de intensas letras en la que Kendrick volvió a confirmar su maestría para conjuntar las raíces del hip-hop con los elementos del canon actual.

 

John Scofield, Jack DeJohnnette, John Medeski,Larry Grenadier—Hudson (Motéma Music)

Por Miguel Ángel Morales

Hay dos tipos de músicos: los que oyes y los que escuchas. John Scofield entra en la segunda categoría. Como solista o sideman, ese calvo con cara de tío aburrido me enseñó a entender que el jazz es ante todo transformación. Y comunidad. La dupla que armó con John Abercrombie (quien falleció este año, por cierto) me sigue pareciendo uno de los álbumes más bellos y decisivos en la educación sentimental de todo lirero. Lo mismo aquel disco a dueto con Pat Metheny. Ahora, que mis dedos se han vuelto torpes, sigo pensando lo mismo de John. Pienso en su capacidad para devorar y liderar. En Medeski, Martin & Wood, por ejemplo, añadió su apellido y, como Neil Young en Crosby, Stills & Nash, terminó por llevarse los reflectores y a la vez enriqueciendo los lenguajes y la comunicación de sus grupos. En 2017, Joh se unió con amigos bastante conocidos: el bajista Larry Grenadier, el mítico Jack DeJohnette y el mencionado Medeski. El proyecto se llama Hudson. Se trata de una evocación a aquellos años de Woodstock. Pero no me malentiendan: aquí no hay flores ni buenaondez ni sonidos dignos para tomarse de las manos alrededor de una fogata. Hay, eso sí, una pequeña memoria de aquella majestuosidad perdida a cargo de uno de los mejores grupos que se hayan formado en años recientes. «Lay Lady Lay» convertida en un reggae guarda la tranquilidad de la melodía dylanesca. Algo similar ocurre con «Woodstock», que si bien añade esas pequeñas disonancias tan características de Scofield —los seguidores del trabajo del guitarrista pueden quedar satisfechos con la mancuerna maravillosa que ha formado a lo largo de los años con Medeski, ahora resaltada con el gran soporte de DeJohnette—, logra siempre volver al tema de Joni Mitchell. Mención aparte tiene esa menuda versión de «A Hard Rain’s A-Gonna Fall», en donde cada uno de los miembros de este súpergrupo deshace la composición del buen Zimmerman hasta tener una experiencia totalmente diferente. ¿Quién puede resistirse al misterioso Hammond de Medeski o a los barridos sucios de Scofield? Un gozoso recordatorio de que este tipo de música vivirá por mucho tiempo más, pese a las transformaciones en la industria y la creciente desmaterialización de los procesos de creación. El virtuosismo de «Wait Until Tomorrow» trae a Hendrix al siglo XXI. Y cómo no: al Miles eléctrico y su sombra apabullante en mucho del jazz actual. Los mismos DeJohnnette y Scofield, otrora miembros de alguna de las formaciones del trompetista excéntrico, han desarrollado su lenguaje preciosista al grado de poner estas piezas de hace casi cinco décadas como el gran legado de la música del siglo pasado.

 

Godflesh— Post Self (Avalanche Recordings)

Por Eduardo Medina

El Post Self de Godflesh, llega después tres años de silencio, y consolida las casi tres décadas que el dúo de Birmingham lleva en activo. Aunque no fueron los primeros en experimentar con las posibilidades de lo «industrial», sí llegaron a una amalgama de sonidos que fue, y sigue siendo, vanguardia, pionera.
Por otro lado, los proyectos en solo de Justin Broadrick en el techo y el hip hop, con JK Flesh y Techno Animal, ayudaron a consolidar lo que en los dosmiles se conoció como nü metal. Mientras éste pereció a los pocos años, la brutal maquinaria de Broadrick y Green legó en 2014 su A World Lit Only By Fire; y de manos del primero, piezas techno ambient de la más oscura manufactura: Post Human (2015) y Suicide Estate Antibiotic Armageddon (2017). El propio Post Self parece una consecuencia directa de estos dos materiales anteriores; y a diferencia del A World, éste no es una explosión de fuego, sino una trastornación onírica: un viaje a la semilla.

Yo propongo un nuevo orden en el tracklist para disfrutarlo. Las diez piezas que componen su natural anatomía, en mi experiencia, no describen con justicia la perfección de sus paisajes; pero si lo alteramos, en éste orden, juzgue usted, y penetre en los más hondo de las sombras.

1. Post Self
2. Parasite
3. No Body
4. Mirror of Finite Light
5. Be God
6. The Cyclic End
7. Pre Self
8. Mortality Sorrow
9. In Your Shadow
10. The Infinite End

1. Post Self
2. Parasite
3. No Body
9. In Your Shadow
8. Mortality Sorrow
10. The Infinite End
4. Mirror of Finite Light
5. Be God
6. The Cyclic End
7. Pre Self