¿Qué nos separa de los monstruos? Mindhunter, de Joe Penhall

Por Andrea Mireille

Esta podría ser otra serie más, con detectives atormentados, adictos y cínicos. Persecuciones, sangre, disparos; un final higiénico en el que se cumple la ley y las víctimas se salvan. Sin embargo, Mindhunter (Joe Penhall, 2017) se aparta del género y lo refresca desde el primer momento: no hay crimen por resolver, los asesinos no son lectores elegantes que han viajado por el mundo y tienen un paladar tan exquisito como los juegos de palabras que construyen mientras son interrogados. No. Todos son repulsivos, aterradores y los protagonistas deben estar frente a frente con ellos, observarlos, conversar, pero sobre todo, lograr una reacción en ellos para  conocer sus motivos e intentar prevenir futuros casos. En Mindhunter, la motivación y la obsesión lo son todo, por ello están en ambos bandos: en el de los agentes y en el de los criminales.

El trabajo de los agentes de Robert K. Ressler, John E. Douglas, así como el de la enfermera forense, Ann Wolbert Burgess es la inspiración del programa. El trío escribió en conjunto, Homicidio sexual: Patrones y motivos, asimismo, Douglas es autor del libro que le da título a la serie y es una celebridad televisiva y cinematográfica: Jack Crawford —con todas sus versiones, está basado directamente en él—. Cabe destacar que el agente no se había mostrado satisfecho con la recreación de su trabajo y es David Fincher quien por fin lo ha logrado.

Douglas conseguía resultados en la entrevistas haciendo sentir superiores a los asesinos, los escuchaba atentamente y reía en el momento oportuno, como cuando Kemper le dijo que podría romperle el cuello con un sencillo movimiento de manos. Al igual que Ford, tuvo una severa crisis, aunque en su caso se debió a una encefalitis viral, consecuencia de viajar 150 días al año y estar involucrado en un centenar de casos al mismo tiempo.

En el programa todo arranca en 1977, tras la detención de David Berkowitz, el Hijo de Sam, Holden Ford, negociador del FBI, entra en crisis cuando descubre que es incapaz de comunicarse efectivamente con los criminales que enfrenta. Frustrado y aburrido, su carrera da un giro cuando conoce a Bill Tench, quien imparte clases sobre la conducta homicida y la importancia de conocerla en vez de limitarse a disparar o arrestar. Las diferencias entre el par, son notorias desde el comienzo: a Tench no le interesan la fama, el dinero, ni siquiera la posibilidad de publicar un libro. No comprende la fascinación de su colega ni la forma en la que se involucra con los delincuentes —compartiéndoles detalles íntimos, manipulándolos, imitando su estilo— tampoco comparte su fascinación ni sus métodos; ya que continuamente rompe las normas al entrevistar asesinos como: Edmund Kemper, Richard Speck, Jerry Brudos, Monte Ralph Rissell o Darrell Gene Devier, que al igual que en la serie, fue el primer caso en el que Douglas pudo poner en práctica lo adquirido. Por otra parte, la doctora Wendy Carr empieza como consejera y termina por añadirse al equipo, que pronto consigue sus propias oficinas en el sótano de las instalaciones de Quantico.

El proyecto avanza con éxito: consiguen diversos financiamientos además de obtener información valiosa que contribuye a la captura de criminales, también atestiguamos la creación del término asesino serial. Sin embargo, el grupo comienza a tener problemas, principalmente Holden, cuya estabilidad mental empieza a tambalearse. Los dos últimos capítulos son cruciales para el colapso, que estalla a ritmo de Led Zeppelin, cuando «In the Light» se eleva tanto como el ataque de pánico que Ford sufre.

La serie cierra de la misma forma en la que abre: con el protagonista en crisis, sólo que al final el quiebre es total, pierde pareja, amigos y, probablemente, trabajo. Demasiado, incluso para alguien tan sobrado de sí mismo.

La obsesión de Fincher comenzó con Seven y se pulió con Zodiac: los colores, el vestuario, el soundtrack seleccionado al milímetro, así como la habilidad de convertir acciones simples como sentarse en un avión o conducir parezcan algo glorioso, digno de filmarse. Esa minuciosidad se extiende a la historia, la recreación de la entrevista de Kemper es espeluznante, al igual que los actores seleccionados para el resto de los asesinos, sus maneras y sus palabras son producto de largas y exhaustivas revisiones, no sólo al libro de Douglas sino a registros videográficos, incluso, el final está basado en una anécdota de Ressler: en uno de sus encuentros con Kemper, se asustó debido a la tardanza de los guardias para abrir la celda, el asesino le dijo que se relajara, pues los guardias estaban cambiando de turno. Edmund le dijo que debido a ello sería fácil arrancarle la cabeza sin problemas. El agente salió sano y salvo, pese a que Kemper le dijo que sólo bromeaba, jamás volvió a estar a solas con él.

La crudeza y oscuridad de la serie, contrasta efectivamente con los instantes de humanidad que pueden verse en el reparto: la doctora Carr emocionada ante la posibilidad de ver a un gato, los altibajos en la relación Debby-Holden, el insinuado autismo del hijo de Bill, (su carácter retraído, la necesidad de un tratamiento como la musicoterapia) dan un pequeño respiro, necesario para poder tragar la ausencia de emociones de los psicópatas y la violencia sexual.

La muerte de Charles Manson no hacía falta para darse cuenta del macabro interés que los asesinos seriales y los crímenes violentos nos provocan. El apogeo del que goza el True Crime en la actualidad es muestra de ello, producciones como Law and Order, True Crime, American Crime Story, Manhunt: Unabomber, American Vandal y Making a Murderer demuestran que la realidad nos aterra, nos sobrepasa, pero queremos mirarla de una u otra forma y si es en forma de entretenimiento, mejor.

De acuerdo con Fincher, su intención con Mindhunter es desmitificar a quienes perpetran los crímenes que libros, comics, películas y otras series han estilizado y, hasta cierto punto, ensalzado no obstante, parece que ese objetivo no se ha cumplido del todo. Las búsquedas sobre Kemper y compañía, más el asesino BTK (Binge, Torture, Kill) no han hecho sino crecer, portales de información y entretenimiento han publicado entrevistas y perfiles de los asesinos, alimentando la curiosidad que estos monstruos suscitan, la cual proviene de lo cerca que estamos de ellos, individuos tan normales como nosotros que un día estallaron. ¿Cómo saber que nuestro vecino o el compañero de trabajo no descuartiza, come o viola cadáveres?

Mindhunter nos hace reflexionar sobre la naturaleza humana, el impacto de nuestras circunstancias, nuestra historia familiar y la forma en la que un incidente puede transformarnos por completo y puede sacar lo mejor —o lo peor— de nosotros.

Es difícil saber qué exactamente separa a Holden y a nosotros de aquellos hombres, la línea es muy difusa: ¿Qué hace que no apuñalemos al jefe que odiamos, a quien nos rechaza o a quien nos estorba mientras caminamos? Quizá es sólo que no hemos tenido oportunidad, que no ha sido nuestra noche.