Logan Hate, un rapero que no es como lo pintan

Por Yair Hernández 

Jorge Olivé está sentado sobre una banqueta dispuesto a charlar. Es de noche en la Ciudad de México y este treintañero originario del caluroso Tabasco resiente el frío capitalino al grado de refugiarse en una chamarra gruesa. No acepta un trago de ron.

«Como que me quiero enfermar», dice.

Por eso cuida su garganta. También porque en un par de horas este tipo que mantiene la barba, usa gafas y gorra de pescador se convertirá en un personaje que vocifera rimas a diestra y siniestra bajo el nombre de Logan Hate.

Pero para eso aún falta tiempo, mientras habla y procura tener el cuello cubierto. Cuida su instrumento.

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Olivé es un rapero consciente. Este adjetivo le acomoda porque, lejos de quererse ubicar o encontrarse en el estereotipo hedonista con el que regularmente – y erróneamente – se asocia a al ecosistema raper, el tabasqueño tiene definidas otras prioridades: «Mi familia y mi trabajo profesional en la Universidad Intercultural, soy contador público».

Por eso Logan Hate, su nombre de batalla, no se ve con la frecuencia deseada en carteles de eventos a pesar de su constancia -nutre su Bandcamp con regularidad- y las buenas críticas que han recibido su música por parte de medios especializados como Noisey (la plataforma musical de VICE).

«No me cuesta trabajo porque me encanta trabajar en la Universidad Intercultural, un proyecto muy noble que le da estudios a gente de escasos recursos de comunidades en las cabeceras municipales que no tienen acceso a la capital del estado. Ver a esas personas que viven en condiciones…. como no vive uno. Para mi es gratificante ser parte de esa labor. Para que mi familia este bien debo estar con el trabajo porque es el sustento».

Tal vez de ahí viene su calidad. Que el poco tiempo libre que tiene durante los fines de semana, Jorge se lo dedica religiosamente al rap. Lo valora. «Me pongo a escribir y no paro», confiesa. Y de esas cuartillas a veces solo rescata 4 líneas, a veces 20.

Aunque lo que menos ve es eso que llama «el proceso de medios»: booking, entrevistas, cotizaciones y todo lo relacionado con la música tras bambalinas. Pero ya va a empezar a ‘rifarse’ con eso porque WK, su colega de rimas y amigo, le dijo algo que se le quedó grabado: «Ahorita contactar a los medios es el micro abierto de antes. Ya está en ellos si te dan la oportunidad o no».

Y Logan, a pesar de sus prioridades, quiere oportunidades.

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Ese que sube al escenario es otro. Ya no tiene frío y se quita la chamarra, ya no evita los vasos con líquidos etílicos. Tampoco se presenta cómo Jorge.

«Soy Logan Hate», dice.

Entonces, treinta y tantas personas silban y ovacionan.

Luego, casi una hora después, Logan Hate suda y sonríe.

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El show de esa noche fue organizado por Pizzatanicos, la productora de mercancía y eventos que dirige Lng/Sht: «No nos conocemos personalmente pero hemos cruzado palabras y nos respetamos mutuamente, somos parte de la camada del rap del sur. Me habló y me dijo que estaría chingón me presentara acá, que presentara mi nuevo disco».

Ese es el motivo principal por el que Jorge está sentado en la banqueta: Leftovers, un larga duración de 13 temas que se lanzó digitalmente el pasado octubre. Además de Logan, el equipo que participó en su hechura fue Ckazpa Beats (instrumentales) y Santo Remedio Visual (arte).

«Ya no solo enfocarme en el publico raper sino abrirme – es el objetivo que tiene el tabasqueño con este material-. Que el disco me genere más fechas en más lugares, ir colándome a festivales, tratar de conectar más. Creo que el rifarse ya está».

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De joven, Jorge intentó hacerla de futbolista pero no prosperó más allá de una liga local. Luego, a los 17, dejo la casa de sus padres para estudiar la universidad. Durante todo este proceso de crecimiento, experimentación y cambios, solo una cosa se mantuvo con él: el hip hop.

Ahora, sin afán de presunción, se considera pionero de esta cultura en su entidad: «Puedo tomarme esa atribución y ser responsable de lo que digo porque me ha costado, la banda lo sabe; he estado en eventos desde que se inició el hip hop en Tabasco. Hoy ha crecido no solo en cantidad sino en calidad. Ahorita todos empezaron a captar que se deben enfocar es en la música».

Por eso de vez en cuando algún conscripto en ciernes de las rimas le pide consejos y él les dice «que hagan lo que les guste y ellos van a ser sus propios críticos. A lo mejor el rap no es su pasión y por eso no lo están haciendo bien; hablo en el caso de gente que se quiere aferrar y no es lo suyo. En Tabasco hay mucha energía, mucho querer, pero poco compromiso. Hace falta profesionalizar las cosas. Yo, invirtiendo poco tiempo, siento que es valioso, que una hora vale tanto porque se la estoy negando a mi familia… a veces me siento egoísta; venir acá es una chamba pero son horas de cotorreo, diversión porque eso te permite este medio, pero deje sola a mi familia. Entonces lo veo como un sacrificio: que cada minuto fuera valga la pena. A veces veo banda que quiere dejar de estudiar, dedicarse al rap, y le digo: ‘Bueno, a ver tu disco, ya llevas 3 años, dónde hay algo, no veo tu compromiso’. Es difícil explicar eso porque para ellos tal vez tienen una evolución chida pero no veo que tengan fechas, un disco, vídeos. La verdad es una industria y al final quieres ofrecer un producto, y si no hay producto no estás como artista. Sí, les doy consejos pero trato de decirles que sean ambiciosos, que se comprometan porque esto no es para todos. A veces el sacrificio es mayor pero yo sí lo amo, la muestra es que aquí estoy».

Aquí, en una banqueta, feliz pero extrañando a su mejor amiga: su esposa. Y a quién le cambio la vida y lo ha hecho una persona más sociable: su hija.

Casi al final de la charla, confiesa que “mi sueño es dejarlo, despedirme, agradecer por el apoyo que me dieron”. Habla de su trabajo.

Porque, con todo y sus prioridades, Logan Hate quiere y seguirá rapeando.