Ayotzinapa, un año. Una muestra de ridícula misantropía

Por Andrea Celeste Padilla / Imágenes: Ilustradores por Ayotzinapa

Hace un año, el 26 de septiembre en Iguala, desaparecieron oficialmente 43 estudiantes de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos. Hay cifras sobre casos similares antes de esa fecha y después; algunas de ellas también nos corresponden como país, otras nos son extranjeras, pero con estas noticias de todos los días, esa suma, resta e incógnita sobre otros yos en todo el mundo, la nacionalidad no importa. Aunque sí, seguimos hablando de estos 43 porque manifiesta un fenómeno de misantropía que revela nuestros ridículos acuerdos. Ridículo y misantrópico que nada oficial termina por avalar la desaparición y posible muerte de estos jóvenes, todos muy jóvenes, algunos, quizá, sin haber votado en una elección presidencial pues, no eran ciudadanos acreedores del voto, es decir, adultos legales en las elecciones del presidente Enrique Peña Nieto. Ridículo que la desaparición y/o muerte sea posible en esas condiciones. Ridículo que con nuestra relación con las tradiciones del enterramiento, haya quienes sean parientes de las víctimas del Pozolero, aunque no lo sepan nunca, porque parte de la misantropía en ése caso fue recibirlos ya sin nombre para que no generara culpa cristiana, uno de los sentimientos menos edificantes que se sigue cultivando en nuestro orden simbólico. (Tan poco edificante, como la misantropía.) Ridículo y misantrópico que vivamos en una sociedad donde decimos guardar a la niñez y a la juventud y sea éste sector, esta categoría social, una de las más vulneradas. Ridículo y misantrópico que sea peligroso visitar cerca de la mitad de nuestro territorio. De nuestras 32 entidades. Eso sí, hermosas las campañas de «Visite Morelos». Morelos es uno de ellos y toda nuestra línea costera.  Morelos no es costa y eso tampoco es necesariamente obvio, seguro habrá para quien no lo sea. Viremos, ahora, hacia nuestra península del noroeste y veamos cómo hemos borrado, obedientemente, el «California» de su nombre. Lo más ridículo, en este caso, es justo el nivel de obediencia que hay para con el vecino del norte al evadir en el cotidiano la palabra California convirtiéndola, sobretodo, en un rasgo de identidad de los jóvenes sudcalifornianos, donde decir Baja es radicalizarse, cuando que es ponerse de rodillas a mamar el falo rosita del Tío Sam. Es misantrópico destituir a alguien de su nombre. John Proctor prefirió morir cuando no le dejaron su nombre y los necrófilos cristianos que lo juzgaron le vieron morir felizmente en el nombre de Dios, el ridículo nombre de Dios. Misantrópico que a alguien le parezca ridículo tener que leer 43 todos los días en su TL. 43 o tome usted el símbolo que quiera, aquí no discriminamos por religión, raza o fenómeno social…Ridículo que en el convivir con el crimen organizado y sus modos, nuestra legalidad no esté facultada para dar fé forense a la evidencia y con esto ella, nuestra legalidad, pierde credibilidad. Ridículo y misantrópico.

A un año de la desaparición de los 43 se han acentuado cuestionamientos y sobretodo se ha continuado el buscar formas de no enfriar el símbolo y sobretodo de crear algo curativo, que nos elabore a todos a partir de la tragedia. De eso se trata, de identificar y curar las pestes que azotan los pueblos, desde Tebas, Dinamarca hasta la Comarca y aquí a 3 cuadras en Luz Saviñón. Uno de los modos que calentó el símbolo por octubre de 2014 fue el #hayquecontagiarlarabia. El hashtag se enfrió como se nos han enfriado muchos. La semana pasada se compartió un link con la recopilación hecha por Alejandra Reyes filósofa y teatrera, de los más de 200 escritos so pretexto del #hayquecontagiarlarabia, me parece prudente usar esta plataforma para continuar la difusión porque entre esos centenares hay una buena muestra en la que convergemos generaciones, oficios–todos de índole artística e intelectual–hay validados, hay desconocidos… es un buen documento, un testigo de participación que merece lectura para ampliar el ojo crítico y fundar memoria. En eso estamos, en recuperar y mantener nuestra memoria porque así hemos visto que ha resultado la edificación y el respeto por la vida en otros lugares de humanidad.

Abajo los links para el documento.

https://www.dropbox.com/s/80jkemopuubi02f/Rabia.pdf?dl=0

http://hayquecontagiarlarabia.tumblr.com/