Retrovisor: La ausencia en Wish You Were Here , de Pink Floyd

Por Eduardo Mota Castro

¿Qué hacer después de haber lanzado un álbum que vendió 471 mil copias en un año? ¿Cómo continuar componiendo sin sentirse eclipsado? ¿Y para qué hacerlo? The Dark Side of the Moon había dado tanto impacto a Pink Floyd, y les había dejado tantos ingresos, que parecía no haber nada más allá, que la cúspide se había alcanzado demasiado pronto. La banda se sentía vacía. La fama y el dinero parecían no haber satisfecho sus espíritus y la felicidad se hallaba distante. En medio de esta incertidumbre, y de tensiones cada vez más agudizadas entre los integrantes, Pink Floyd trataba de componer su siguiente álbum, uno que escapara a la alargada sombra del lado oscuro de la luna.

Envueltos en disputas sobre cómo construir el nuevo material, y encerrados en los estudios Abbey Road sin ningún tipo de inspiración, David Gilmour tocó el popular acorde que funcionaría como chispa para escribir «Shine on you crazy diamond». La banda decide hacer el álbum de forma temática, con Syd Barrett y la crítica a los excesos producidos por la fama como inspiraciones. El éxito musical y las exuberancias llevaron al grupo a recordar el pasado, a pensar en sus raíces y, por primera vez desde su salida, vieron en Barrett a su principal inspiración. El laboratorio en el que Wish You Were Here comenzaba a diseñarse contenía en sí mismo la melancolía y la ausencia en distintos niveles.

Wish You Were Here. Desearía que estuvieras aquí. Una oración simple y llena, a la vez, de una extraordinaria añoranza por el pasado, por quienes acompañaban ese pretérito, y la consciencia de verlo perdido en el horizonte, resguardado en la memoria. Existe una famosa anécdota sobre el proceso de grabación de este material: decididos ya a rendir tributo a Barrett, a pesar de no haberle visto en años, el grupo arribó a Abbey Road para trabajar, como habían estado haciendo durante meses. Vieron los Floyd a un sujeto con sobrepeso, con las cejas depiladas y la mirada plenamente perdida. Las lágrimas humedecieron, sin control, los abrumados ojos de cada uno de los integrantes cuando se les informó que ese sujeto, ese hombre enigmático, era Syd Barrett.

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Las transformaciones corporal y mental de Syd eran casi paralelas a la transformación de Pink Floyd. Barrett dejó de ser un sol brillante, creativo y carismático para caer en la atemporalidad, en la indiferencia, en el eterno aturdimiento. Los Floyd caían también en la indiferencia, y la apatía, y los arrastraba con mayor fuerza el egoísmo, los alejaba de la creación placentera de la música. Ambos cuerpos se reencontraban después de muchos años para contemplarse y no reconocerse, para descubrir cuánto había cambiado el otro y, así, caer en cuenta de que sólo los unía el pasado. Es por ello que el título del álbum pide con desespero, demanda, que el pasado vuelva, que, al menos, el deseo por ese tiempo viejo no se pierda. Deseo. Ojalá que estuvieras. Ojalá que fuera como antes… Entender que eso no volverá. El álbum no se puede concebir sin esta anécdota, sin la fortuita presencia de Barrett en los estudios durante la grabación de un tema dedicado a él.

‘Remember when you were young. You shone like de sun’. El tema que da inicio y fin, «Shine on you crazy diamond», contiene, como diamante en bruto, las palabras precisas para trasladar el hondo recuerdo de Syd a todos los que escuchan la melodía, para describir cómo fue el impacto que los integrantes recibieron al reencontrarse con el que fuera el líder del grupo y a quien debían lo que eran. Los profundos solos de guitarra de Gilmour, los efectos del teclado y las intromisiones agresivas del bajo y la batería hacen de éste uno de los mejores (y melancólicos) temas compuestos por Pink Floyd. De esta canción se desgajan las demás, de ese sentimiento se desarrollan las palabras, las voces.

La ausencia es el eje conductor de Wish You Were Here. La portada del álbum busca evocar el vacío que dejan aquellas personas a las que se les quiere, y con las que no se puede convivir nuevamente. Como estrategia de mercado, el grupo decidió envolver en un celofán negro el material discográfico para que, al salir a la venta, el público notase el vacío. Pink Floyd trataba de expresar abiertamente la poca satisfacción que les había dado el dinero, la fama. «Have a cigar» es, en unas cuantas frases, el dibujo perfecto del despilfarre económico y de la trampa del consumismo. Waters, Gilmour, Wright y Mason habían dejado de ser dueños de sí mismos, habían dejado de tener voluntad. Ahora pertenecían al mercado, a la producción y a los elaborados contratos discográficos.

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La forma de sobreponerse a la sombra de The Dark Side of the Moon estuvo allí todo el tiempo, estuvo a su alcance desde el principio, y sólo tenían que abrir los ojos. Para el grupo, volver al tiempo en que las presiones monetarias no eran tan grandes, fue hallar la libertad. Encontraron en Wish You Were Here la mejor forma de desahogar lo que les agobiaba, de señalar, sin escrúpulos, las consecuencias de su éxito en ventas. ¿Qué hacer después de haber lanzado un álbum que vendió 471 mil copias en un año? Fue la pregunta. La respuesta: exteriorizar la ausencia, recordar, intentar recuperar el sentido de pertenencia. Fue en este álbum que Pink Floyd logró, acaso, su mejor expresión musical, porque fue en él que los elementos coincidieron para que la válvula reventase y se trasladaran a nuestros oídos las melancólicas notas y letras que distinguen a Wish You Were Here de otros álbumes.

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