Realismo a escena: Breve acercamiento al teatro documental

Por Diana Benítez

Es innegable la importancia de autores teatrales como Piscator, Brecht, Artaud y Weiss que a principios del siglo XX experimentaron con técnicas y teorías, guiados por un interés de tipo social para lograr un acercamiento hacia el conocimiento de su historia. Uno de sus objetivos fue crear una conciencia por medio del análisis; adquirir una postura frente a su situación social y política. Es así que nace el teatro político-documental.

El arte dramático puede funcionar como un reflejo de la sociedad, un espejo donde los personajes viven historias semejantes y toman decisiones, buenas o malas, pero que mueven al espectador. Claro que estos autores no son los únicos en promover el teatro político y documental, pero su influencia trasciende en el desarrollo del teatro contemporáneo.

Si se hace una revisión de la historia del arte dramático se aprecia el paso de estos autores y cómo, tras las dos grandes guerras, siguen con su investigación. Brecht por ejemplo, desarrolla su propuesta de un teatro épico. Artaud, por su parte, continúa la búsqueda de la verdad por medio del absurdo y el teatro cruel. Peter Weiss, el más joven, retoma gran parte de las ideas principales del teatro político para resumir el trabajo propuesto desde Piscator.

Tiempo después, el teatro político llega a Latinoamérica, y es precisamente por medio de Peter Weiss, quien viaja a Norte América. Esto no quiere decir que autores como Hochhuth o Kipphardt, no trabajaran en su concepto de teatro documental, pero Weiss se encarga de darle una mayor proyección en América, no sólo mediante sus piezas teatrales, también con sus artículos y creación artística en general. Weiss retoma el concepto de teatro político para proponer de manera más clara el de teatro documental. Así es como llega a América del sur donde el momento histórico favorece las nuevas expresiones artísticas relacionadas con el tema político y social, pues América Latina está pasando por una serie de cambios sociales, los mismos que ayudan a tener una disposición artística abierta para recibir ideas innovadoras de Europa.

Desde la Revolución Cubana hasta las revueltas estudiantiles en diferentes países latinoamericanos, se abren foros de discusión, no sólo en el arte dramático, también en otras ramas del arte, como la música y la pintura, la danza, la literatura. Una época de efervescencia latina que lucha contra dictaduras y represión social. Así es como el teatro político-documental se inserta en la creación latinoamericana. En un principio es visto como un teatro de denuncia para una juventud inquieta por adquirir conciencia social y hacerla evidente ante un público sorprendido por las nuevas formas de expresión artística. Cada país toma del teatro documental lo que necesita para complementar los objetivos en su afán por lograr un cambio social. Así como en Colombia Enrique Buenaventura desarrolla la Creación Colectiva o en Brasil surge el Teatro del Oprimido con Augusto Boal, México no es la excepción. En México aparece el teatro documental como tal. Término que retoma y re contextualiza Vicente Leñero, quien bajo esta estructura llegaría a convertirse en uno de los dramaturgos más importantes de México y a quien se le atribuye, en gran medida, no sólo el concepto de teatro documental latinoamericano, también el planteamiento de la Nueva Dramaturgia Mexicana.

Vicente Leñero inicia como dramaturgo después de ser ingeniero, periodista y escritor de narrativa. Como él mismo apunta, «llego tarde al teatro». Su desarrollo como dramaturgo apegado al realismo ha sido reconocido por varios autores y directores, es visto como un autor innovador en su momento. Ha propuesto la teatralidad basada en el texto más que en la grandilocuencia del espectáculo o la idea de escenografías convencionales, y ha trabajado al lado de directores en la construcción de una dramaturgia propositiva al servicio del escenario. Pero una de sus mayores aportaciones radica en su propuesta de teatro documental.

Leñero se interesa por la investigación para llegar a fondo sobre un asunto histórico que ponga en duda la veracidad de las instituciones en la divulgación de la verdad. Procura un cuestionamiento, crea duda; incomodidad para el gobierno o las instituciones eclesiásticas. Dentro de su teatro, Leñero no propone soluciones claras, ni pretende mostrar la versión “real”. Se encarga simplemente de analizar y presentar un hecho para que el espectador asuma una postura. En su teatro existe cierta incomodidad que promueve la discusión. Ese es el objetivo del teatro documental basado en los textos de Piscator y Weiss.

A lo largo de 30 años de carrera como dramaturgo, marcó cambios importantes en el rumbo del teatro mexicano no sólo como representante formal del teatro documental en Latinoamérica, además alentó a otros para escribir teatro. Una generación de escritores como Víctor Hugo Rascón Banda, Tomás Urtusástegui, Estela Leñero, Leonor Azcárate, Sabina Bergman, Enrique Rentería, Cecilia Pérez-Grovas, Claudia Ríos, Antonio Zúñiga por mencionar algunos, pasaron por los consejos y enseñanzas de este maestro que llevó a cabo un taller de creación literaria, Sólo los jueves, hasta un año antes de su fallecimiento.

*Texto publicado originalmente en la revista Improvisación*

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Vicente Leñero y su hija Estela.