Cine, imagen y memoria: The thoughts that once we had, de Thom Andersen

Por Leo Lozano

Desde la invención de la cámara fotográfica hasta la del cinematógrafo, el lente ha sido uno de los principales testigos del devenir del hombre en los últimos casi 200 años. Para las generaciones que hemos crecido bajo la influencia del cine y la televisión, concebir nuestra cultura e idiosincrasia (general y particular) sin la presencia de la imagen en movimiento es prácticamente imposible. Los recuerdos de la infancia van ligados a las películas que vimos y que de alguna manera nos formaron una «educación sentimental». En las siguientes etapas de la vida, tanto el cine como la televisión, siguen influyendo conforme nuestra experiencia y vivencias se desarrollen; y lo hacen, porque más allá del lado oscuro que ambas industrias puedan tener, lo que las imágenes en movimiento transmiten y lo que las convierte en un vehículo comunicativo tan poderoso, es la representación de emociones.

Una oda, un homenaje al poder emotivo de una imagen es lo que hace Thom Andersen en el filme The thoughts that once we had (Las ideas que una vez tuvimos). Y he aquí una obra para todo aquel que ame de verdad al cine. El director y catedrático quien ganó reconocimiento por Los Angeles Plays Itself (2003) usa como mero pretexto conceptual el trabajo del filósofo Gilles Deleuze para construir el hilo de un filme que rebosa en entusiasmo con respecto al séptimo arte.

El documental se divide en cuatro apartados: «affection-image», «time-image», «movement-image» y «action-image». A groso modo y atendiendo a cada uno de estos conceptos, Andersen recopila imágenes de diversas fuentes audiovisuales que acaten los cuatro principios de Deleuze, y la galería va desde escenas de la Segunda Guerra Mundial, Vietnam, la Guerra de Corea del Norte, hasta la Nueva Ola Francesa con Marianne Faithful y Anna Karina, dos de las musas de la época.

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En síntesis, cada uno de estos conceptos hace referencia a un tipo específico de montaje, por ejemplo: «affection-image» tiene que ver con la fuerza emotiva de una imagen, esta puede estar focalizada en un cuerpo humano o en un objeto cualquiera: una máquina, la naturaleza, la arquitectura. En otras palabras, lo podemos entender como la fuerza dramática de una escena, en términos de montaje, no de interpretación actoral. Basta con mencionar que ver diversas tomas de Marlene Dietrich encarnando al antecedente de la Chica Bond es ya una muestra suficiente del concepto en cuestión.

Para «time-image», Andersen se enfoca en el registro de los acontecimientos, principalmente los de de carácter histórico. Ahí entra desde luego el Führer como iniciador de la propaganda oficialista disfrazada de arte, o los testimonios documentales de la devastación de los conflictos bélicos del siglo pasado.

En «movement» y «action-image», se ilustra la simbiosis entre movimiento y situación; es decir, las acciones de los personajes y la relación con el entorno en que estas se desarrollan. Hasta aquí, si bien todo suena demasiado técnico, lo hice sólo con la intención de contextualizar, puesto que The Thoughts That Once We Had no es para nada un filme tedioso y aburrido sobre tecnicismos que únicamente entiende el experto en cine.

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Si bien el documental parte de la abstracción, este lo explica de la mejor manera posible: con imágenes. Cada una de ellas ilustra los términos duros, de manera que cada cita de Deleuze que aparece en el filme es explicada con escenas de diferentes películas y material audiovisual de distintas épocas.

Con ello se es testigo de las implicaciones simbólicas del montaje de una escena, el porqué de un gesto, un movimiento. Por qué la luz está focalizada en un ángulo y no en otro. Cuál es el significado de una toma con determinado encuadre y cuál es el efecto que provoca en el espectador.

Andersen va del humor al drama, mostrando siempre las diversas caretas del cine, desde el testimonio documental hasta la ficción. Y si bien, por momentos se antoja creer que la selección de imágenes es un poco arbitraria y que de forma global el filme carece de una estructura ordenada, podemos decir, a favor del director, que su inclinación por la nostalgia hacen que la película no se vaya a la basura.

Remembranzas a Godard, Kurosawa, Resnais Kubrick y muchos otros, hacen que la memoria del espectador vibre con el recuerdo de todas esas películas que desde la primera vez que fueron vistas, dejaron una huella en quien las vio.

Eso hace el cine. Nos marca. En él están plasmados tantos y tan diversos elementos de la naturaleza humana, que por esa misma razón The thoughts that once we had no puede limitarse a mostrarnos sólo una parte o un género cinematográfico. El filme aborda, desde el mismo cine, los claroscuros de la existencia; podemos pasar de la risa al llanto en cuestión de segundos.

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El documental, que se exhibirá dentro del marco de FICUNAM recibe su nombre por el poema Remember de Cristina Rossetti: «For if the darkness and corruption leave a vestige of the thoughts that once we had / Better by far you should forget and smile than that you should remember and be sad» (Si la oscuridad y la corrupción dejan un vestigio de las ideas que una vez tuvimos / Es mejor que rías y olvides en lugar de recordar y estar triste). Y este resume una de las principales cualidades del cine, la de la preservación de la memoria, con todo y sus sinsabores.

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