De narcocorridos y sonidos alterados: revisitando a Aristófanes

Por Andrea Celeste Padilla Gutiérrez / @Celestity

Los corridos pertenecen a la cepa heredada de los pregoneros. La noticia de victorias, derrotas, nuevas leyes, traiciones, alianzas, corrupción, crimen, muerte  y demás son las semillas de esta música. El llamado narcocorrido de la autoproclamada nacional narcocultura sigue más o menos estas mismas normas; en varios de los Tigres del Norte, se acentúa la tradición trovadora y la urgencia del (narco)corrido, se menciona incluso la censura del gobierno y el temor a morir en manos de unos por cantar en favor de otros.

Particularmente, con todo y que conozco bastante de cerca nuestra cultura del norte, los corridos, en general, no son lo mío. Es en parte por la voz nasal de absolutamente todos los cantantes y parte por lo terriblemente predecible de sus beats y solos de acordeón… también por sus temáticas lactantes donde no pueden consumar ningún tipo de relación con moderada sobriedad… y por su misoginia disfrazada de adoración. De todas maneras reconozco que hay niveles. La letra de «La Mafia muere» de los Tigres nadita tiene que ver con «La Mafia se sienta a la mesa», del Komander. El Komander ya huele a alterado; a jóvenes pochos padres de familia panzones que quieren darse una vacaciones en Culiacán y andar bien ondeados con sus cuernos demostrando que son más mexicanos que el chile… y hay niveles, ya lo apuntó Aristófanes cuatrocientos años antes de Cristo diciendo «paren, paren pareeeen Eurípides no es superior a Esquilo y nadie tiene en el mundo más templanza que Sófocles»; en otras palabras: «no andemos encumbrando pendejos».

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Siguiendo con el hereje comparativo entre Los Trágicos y los Narcocorridos, Eurípides se gana a la mayoría del Hades con sus versos. Aristófanes lo pone así: «los rateros, cortadores de bolsas, parricidas y horadadores de paredes que pululan en el infierno: toda esta canalla, en cuanto oyeron sus dimes y diretes, sus discreteos y sutilezas, enloquecieron por él, y le proclamaron el sabio de los sabios.»  Parte del genio de la comedia aristofánica, de la comedia, punto, está en la irrupción de la siguiente palabra «no». ¿A qué se niega? A ser parte de la mentira. Así, el comediante actúa contra el proceso que empoderó a Goebbels, aquello sobre repetir una mentira cien veces para volverla una verdad, o una norma. Así, imitando el valor del comediante le digo a esta nueva ola del narcocorrido: No, Komander, sácate a la verga.

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El Movimiento Alterado compara el mercado del narcocorrido con el hip-hop y algo hay de cierto en eso. El gangsta rap tiene varios cruces, sobretodo temáticos, con el narcocorrido, sin embargo, también ahí hay niveles y Aristófanes estaría una vez más de acuerdo conmigo en que no es el caso. En el rap palpita un urgente ingenio de doblar el lenguaje, no por nada hay más de una escala en la www donde se compara el vocabulario de raperos con el Bardo y demás exponentes de la poesía angloparlante. En los negros de los ochenta se censuraba el movimiento —en eso piensan los Alterados que también se parecen al hip-hop—, se creía nadie querría proto-twerkear al beat del gangsta rap. Un buen día, el mercado apostó atrevidamente y se encomendó a #GodMoney y acertó porque «Kalifornia knows how to party».

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Lo mismo hizo Walmart hace unos años abriendo sus puertas al Komander y los BuKnas y a sus canciones de esclavitud. Walmart se maravilló por la venta, se maravilló porque la audiencia estaba de acuerdo con esa escala de valores esclavos.  Una esclavitud todavía más miserable que la sufrida por los negros, engordada con manteca, esclavitud por el aburrimiento, pochos sangrando el origen de sus padres por unos Benjamines. Pochos que declaran «un ratito de vivir allá es lo que ocupo yo, de estar cerca de todo el cotorreo», sin su santa familia, claro está porque Mexico is bat-shit crazy wey. Y digo Pochos en el más ofensivo sentido de la palabra porque me parece miserable su representación de la tragedia nacional. No se me acuse de moralina, no los considero mis enemigos por representar el complejo entramado de todo lo que incluya «Narco». Los considero mis enemigos justo por no hacerlo, por desvirtuar el pregón, la voz del mensajero que narra lo bueno, lo malo y lo feo. Estos vatos gordos «bien ondeados» —frase recurrente y sin imaginación— lo vuelven personal, claman «yo, yo quiero andar volando sesos, yo, acá bien ondeado, cobrando traiciones…estaría chilo, hasta voy a hacerme una rolita para mí y todos los aburridos como yo».

Estos redomados cabrones glotones del Blog del narco quieren hacerle al revés de Jay-Z, vender discos primero para terminar —bien ondeados— moviendo kilo; y hay niveles, es decir, dudo, profundamente, que cualquiera de estos gallitos sobreviviera las noches suficientes para tener que escapar a través del túnel más lujoso de todos los tiempos. Si lograra, cualquiera de estos, ser un narquillo auguro que en el primer atisbo de terror temblaría su mantecosa timba chelera y desearía no haber dejado nunca a su morrita que aunque gordita ella también le hacía hacer mandas para cuidar de sus adicciones, para que no se pusiera maldito y pudiera criar a los 3 hijos que ya trajo a este mundo, además le haría sus tortillas de harina, no sería como la miss (Culiacán) que le deja meter mano porque le prende el bling-bling y le gusta que le azote la coca.

Todo esto para decir que escupo en la ola frívola y espectacular de la narcocultura, si tuviera que elegir un ganador para el certamen de mayor poesía en los narcocorridos me iría con los Tigres del Norte y bandas hermanas, no con estos pusilánimes lactantes que ven la país de sus padres como “Mexico The Ride” de cualquier mondrigo six flags, en cualquier caso, como ya lo dije arriba, los corridos no son lo mío.

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