Nrmal 2016: Battles, el arte de la repetición

Por Miguel Ángel Morales / @mickeymetal

Foto: Adrián Ávila / @nicolaiwebster

Usted aprieta el botón, nosotros hacemos el resto.

Kodak Vista

Es curioso cómo es que dos de los actos más destacados del Festival Nrmal fueron ejecutados por bandas del mismo cuadrante geográfico, Nueva York. Primero, Oliver Ackermann y A Place to Bury Strangers se encargaron de saturar el ambiente con su postpunk, luces estroboscópicas y mucho noise. Fue un concierto repetitivo para algunos. Memorable para otros tantos. La coreografía de Ackermann invita a ver más allá de la textura de ruido aparentemente monolítico. Con Battles pasa algo similar. La banda de Brooklyn usa la repetición como vía para acceder a la creación musical. Tomemos un par de canciones de su presentación de este fin de semana en el Festival Nrmal, «The Yabba» y «Futura». Ambas piezas se articulan con patrones de uno o dos acordes para después desplazarse con pequeños giros conforme avanza la narración. En eso consisten muchas de las canciones del trío. Repeticiones y diferencias que vuelven épico un momento que aislado tal vez no lo es tanto.

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¿Qué es lo que engancha de este sonido tan peculiar? Las reflexiones de Walter Benjamin en torno a la obra de arte nos aportan luz sobre esto: «La técnica de reproducción se puede formular en general, separa a lo reproducido del ámbito de la tradición. Al multiplicar sus reproducciones, pone, en lugar de su aparición única, su aparición masiva. Y al permitir que la reproducción se aproxime al receptor en su situación singular actualiza lo reproducido. Y esta segmentación se relaciona con la crisis y renovación contemporánea de la cultura.» ¿No son acaso los motivos que utiliza Battles una forma de alejamiento de la tradición clásica del rock y a la vez otro punto de partida del género? El fragmento, el groove, el delay usados por el trío son una fractura de lo que conocemos como pop. En general, sus composiciones buscan alejarse de estructuras clásicas (p.e. Tema A-Tema B-Tema A-Tema C). Esto se refleja en el trabajo de Dave Konopka e Ian Williams, quienes a través de la manipulación de sonidos tocados en tiempo real llevan la música a otros lugares. Ambos forman una dupla perfecta; mientras Ian se clava en las texturas digitales de su secuenciador Ableton, Dave hace lo propio con sus pedales análogos DL-4. Cada uno busca la precisión minimalista para crear paredes de sonido a menudo difíciles de conseguir, como se notó en «Ice Cream», que abrió su presentación en el Festival Nrmal. Por unos milisegundos, la voz loopeada de Matias Aguayo se adelantó al beat de John Stanier, quien astutamente retrasó el pulso para regresar el engranaje de la canción. Hago mención de esto porque hay bandas que hubieran considerado esto un error. ¿Recuerdan que en su gira por México, en 2009, Thom Yorke paró dos veces «Exit Music (For a Film)» al rompérsele una cuerda de la guitarra? En cambio, Battles, como un lector pigliano «que lee mal, distorsiona», hace de la reiteración y movimientos mínimos un rasgo propio. Regresando a Benjamin, veladamente puede haber en el loop, en el collage y en el delay de Battles un cierto paralelismo con aquellas imágenes técnicas a las que alude el pensador alemán, ya que estos fragmentos y efectos sonoros «actualiza[n] lo reproducido».

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Si recuerdan la versión en vivo de «Futura» ahí puede escucharse un ejemplo de lo que menciono. A veces acelerado (Williams añadió al riff una serie de treintaidosavos al inicio y a la mitad), a veces retomando su habitual velocidad, el acorde se enriqueció. Cada integrante lo hizo. Aquí resulta pertinente hablar del gran trabajo de Stanier, quien es, sin duda, el gran cohesionador del complejo amalgamado electrónico de Williams y Konopka. No pocos han advertido su papel como corazón (análogo, acústico, de carne) de la máquina que es Battles. El largo desarrollo que hizo de «Atlas» fue todo venas y sangre bombeando oxígeno fresco a sus compañeros, quienes reelaboraron ése, su primer clásico, durante más de diez minutos.

Es común ver en la música popular en vivo que las interpretaciones se ciñan a la repetición de formas para dar un efecto de perfección: que un guitarrista toque las mismas notas con la misma intensidad, que un cantante no pierda el registro de su voz, que una nota de piano cambie un poco una sucesión de notas pero que la esencia de la pieza permanezca, son sólo variaciones de la misma historia. Las repeticiones se han vuelto monumentos performáticos. Lo que ocurre en Battles es peculiar. No son unos Eddie Van Halen haciendo miles de solos, sino dos hombres en su cuarentas rasgueando sus instrumentos y presionando botones y pedales, y un baterista con un groove preciso haciendo de la repetición un arte. Con eso basta, que no es poca cosa.

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