Una celebración del espíritu urbano: sobre House of Vans 2016

Texto y fotos por Adrián Ávila

Vans es una compañía que, a pesar de sus 50 años, ha sabido mantenerse fresca y atraer a un público joven promocionando la moda, el deporte de acción, el arte, la música y la cultura urbana. House of Vans es muestra de todo esto, pues no es meramente una fiesta para embriagarse y ver algunas bandas gratis. El evento es la celebración de una empresa inteligente y lo mismo se ve en la elección musical de propuestas actuales que acaparan los reflectores independientes.

Shiro Schwarz, banda poco conocida, pero llena del estilo futurista del imaginario de los 80 y con influencias funk, fue quien recibió al público. Con un toque de sintetizadores, le dieron un ambiente relajado al a fiesta e hicieron sentir cómodo a los espectadores. Sin embargo, El Guincho fue quien estalló la celebración con su pop negro, mezcla de sonidos caribeños con sintetizadores y batería electrónica. Un toque de sensualidad española.

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Pero The Kills llegó a imponer su estilo post punk levantando la adrenalina y los gritos. Aunque es un dúo que nunca me llamó tanto la atención, considero que haber participado con Dead Weather cambió mucho la actitud de Alison Mosshart, pues pasó de ser una niña medio emo, a ser una mujer que conoce su papel como rockstar punk. Con su presentación mostró soltura para moverse, tuvo el público en sus manos y sedujo con su música.

Aunque es un grupo que inició allá por los años 2000 es hasta ahora que The Kills parece madurar. Con su último disco Ash and Ice (2016), su sonido adquirió un toque particular que conjunta su inicio más indie y dulce con esta nueva actitud más rockera. Y se puede observar con la manera en que conectan con el público. No llegaron a decir alguna cosa, simplemente dejaron que su sonido acallara los vítores. Impusieron su presencia. Hotel, como Alison, por fin se volvieron la banda que desearon en sus primeros años.

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Con «Las mañanitas», Wu-Tang Clan entró a escena. Aunque sin la presencia de algunos de sus miembros, lograron prender al público en un país donde la escena del rap internacional parece detenerse poco para ofrecer conciertos. En un homenaje a músicos fallecidos, interpretaron partes de Bowie, Nirvana, Selena, The Beatles y 2pac. Los coros para «California love» llenaron de nostalgia al público que gritaba mientras eran bañados en champaña. Porque eso mismo es parte del hip hop y el rap, un glamour muy particular que canta en contra de la opresión, pero busca vivir en el exceso.

El público parecía entregado por completo, y aunque hubo portazo, la mala vibra no se sintió. Todos cantaban al ritmo de los versos rápidos, el público levantaba las manos formando la W y la banda se entregaba a ellos habiendo incluso un brindis con champaña. «Wu-Tang Clan aint nothing to fuk wit» fue el cenit de la celebración cuando las voces del público y la banda se juntaron en un mismo coro.

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Siempre he pensado a Wu-tang como una institución, una especie de maquinaria que sabe funcionar con algunos pocos de sus miembros y con todos, los cuales, además, hacen cosas de gran calidad por su cuenta. Basta escuchar Supreme clientele (2000) de Ghostface Killah o Tical (1994) de Method Man. Por algo son Wu-Tang corp. Y verlos en escenario es observar la maquinaria en acción, el monstruo de las siete cabezas coordinado en experimentar, en interpretar clásicos como «C.R.E.A.M.» El uso de rolas de Selena, Nirvana y todos los mencionados, habla de cómo siguen siendo atrevidos desde un inicio.

Pero después de todo esto, es difícil pensar que la participación de Jamie XX haya sido buena. En realidad fue bueno pensando que debía de bajar un poco la intensidad en el público, pero se presentó con apenas un DJ set muy poco trabajado. De momento parecía estar en el Un Buen Tiempo o el Marrakech, y no son lugares malos, pero si ves a Jamie XX esperas algo de mayor calidad. Las canciones no tenían una buena transición entre sí porque un buen DJ junta todo para darle un sentido al setlist, como si cada rola correspondiera con las otras, pero aquí no fue el caso.

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Su mayor atino fue poner «Could heaven ever be like this», de Idris Muhammad, sin embargo parece que no logró explotar la canción como lo hace Taku en «Blow up» o Röyksopp en su Back to mine. Y de paso cabe mencionar que si quieren escuchar a lo que me refiero con un buen DJ set, escuchen ese Back to mine de Röyksopp, para que vean cómo unir «Born under punches» de los Talking Heads con «Sphinx» de Harry Thumann.

Pero a pesar de todo esto, la celebración en general fue una muestra del genio de Vans. Con una decoración china, una rueda de la fortuna, globos dorados, juegos de feria como ponerle la cola a la zorra, tirar aros a botellas o tronar globos con dardos, el equipo convirtió el Rancho del Charro de avenida Constituyentes, en una zona donde la diversión y la celebración fueron el motivo principal. Su único fallo fue la acústica que por momentos no dejaba apreciar la fuerza musical de las bandas.

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