Žižek, la filosofía en modo mediático: entrevista con Santiago Castro Gómez

Por Óscar Tinoco

El caso de Slavoj Žižek (Liubliana, 1967) es extraordinario. El esloveno pasó de ser candidato a la presidencia de su país para convertirse en una de las máximas estrellas de la filosofía contemporánea. Hoy sus declaraciones venden periódicos y revistas, sus videos alcanzan millones de visitas en Youtube y algunos de sus libros han sido best sellers. Žižek ha hecho algo poco común con la filosofía: la sacó de aulas universitarias y la volvió mediática e interesante para las masas.

Sin lugar a dudas es el filósofo que más ha transgredido en la cultura pop. Hay quienes lo catalogan como el «Elvis de la teoría cultural» o el «rockstar del pensamiento». Sin embargo, a ser alguien que salta de la filosofía al cine, y de la literatura a los talk shows, es considerado por la academia como un charlatán.

La exposición de un académico ante los medios de comunicación es frecuentemente observada bajo la lupa de la sospecha y el recelo. Esta percepción, además de generar un debate político en América Latina, hizo mella en la cabeza del filósofo colombiano Santiago Castro-Gómez (Bogotá, 1958), quien ha dedicado la mayor parte de su obra a los trabajos genealógicos sobre las herencias coloniales de su país.

Durante su más reciente paso por México, el escritor presentó su nuevo ensayo, Revoluciones sin sujeto: Slavoj Žižek y la crítica del historicismo posmoderno (2015), que publica Editorial Akal. El libro hace hincapié en que Žižek no es reconocido por el estamento universitario de la filosofía como un interlocutor válido. Pero a pesar de su imagen de provocador, lo considera enserio y lo presenta como un lector crítico que ha tomado lo más importante de la tradición filosófica: Jacques Ranciere, Alain Badiou, Jurgen Habermas, Charles Taylor o Antonio Negri.

En charla con el autor, un día antes que regresara a Colombia para retomar sus tareas como académico, además del tema de su más reciente libro, abordamos la situación política de América Latina, la conformación de Podemos en España, así como del impacto de la tecnología en la vida cotidiana.

¿Qué fue lo que te motivó a escribir esta obra? ¿Por qué abordar en este momento el trabajo de Slavoj Žižek?

No pensaba escribir este libro en realidad, pero había hecho dos o tres cursos sobre Žižek en 2010 y 2011. Me había interesado en su pensamiento pero no tanto como para decidirme a escribir este libro. Una vez hablando con mi amigo Ramón Grosfoguel que fue a verme a Colombia, le comenté que había tomado unas notas de mis cursos sobre Žižek y me dijo: «oye, tú tienes que publicar algo sobre esto». Comenzó a apoyarme y me hizo una oferta concreta para publicar el libro. Me habló de la Editorial Akal y me dijo que lo podíamos publicar, pero tenía que entregar el manuscrito en 4 meses.

Aceptaste el reto.

Acepté el reto. Lo escribí y lo mandé a la editorial. Como te digo no me senté en la computadora desde cero, tenía un montón de notas, ideas y manuscritos, pero todavía no sabía cómo encarar el libro. No sabía la estructura y eso fue apareciendo en la medida que iba escribiendo. Pero digamos, tenía a casi todos los autores con los que trabajo como Ernesto Laclau, Enrique Dussel o Judith Blutter. El panorama lo tenía y aunque el trabajo fue intenso, lo más difícil fue encontrar una estructura de argumentación.

De la personalidad de Žižek, ¿qué fue lo que más te interesó para hacer estas anotaciones previas?

Bueno, ya sabes que es un personaje mediático. Es una figura performativa con sus conferencias y apariciones en los medios. Desde el comienzo eso me llamó mucho la atención. Me pareció interesante la forma en que un filósofo se presenta ante el público y utiliza los medios de comunicación. En la filosofía hay mucha desconfianza frente a un filósofo que aparece en televisión. Se piensa que cuando uno aparece en los medios es porque es un mal filósofo, porque se desvirtúa el ejercicio de la filosofía y pierde su nobleza al tocar algo tan plebeyo como son los medios de comunicación. Es algo que yo no creo desde luego y que además lo veo en muchas figuras de hoy, como con Peter Sloterdijk, Michel Onfrey y el mismo Žižek. Hay otras figuras de la filosofía contemporánea que están haciendo propuestas interesantes y que no utilizan el medio tradicional del libro para dirigirse al público.

Desde mi punto de vista periodístico es positivo que un filósofo tenga ése impacto y que genere tal efecto mediático en los medios.

Sí, para mí también. De hecho yo lo veo con buenos ojos. Eso me simpatizó siempre de Žižek. Fue algo que me vinculó con él desde el comienzo. Esa forma de utilizar los medios es algo que incluso me recuerda al pensamiento de la izquierda española con Pablo Iglesias en España. Él entiende muy bien el papel de los medios de comunicación.

¿Cómo fue el procedimiento de estructurar el libro?

Fue un ejercicio solitario en realidad. Me fui a un pueblo que quiero mucho y que es muy cercano a Bogotá. Ahí me encerré más de un mes para darle un empujón inicial al libro. Luego tuve que regresar a mis obligaciones en la universidad pero el libro ya estaba andando. Fue difícil encontrar una estructura porque es complicado abordar a un pensador como Žižek. Realmente no sabes por dónde. Sabía que quería entrar al lado de la filosofía política, pero él escribe de todo en sus libros. Es difícil ubicar un libro suyo de filosofía política o de ética. En sus libros él engloba todo. Afortunadamente ya había leído mucho de la obra de él, pero me costó mucho trabajo ver cómo iba a desplegar los argumentos y cómo iba a organizar el libro.

Al comienzo tuve una idea que al final no resultó. Era simplemente tener un enfrentamiento cuerpo a cuerpo con él. Pero no funcionó, porque él es más grande que yo. Entonces la estrategia para alguien pequeño y delgado fue meterme dentro de él y agarrarlo desde adentro e ir cambiando sus coordenadas.

¿Tuviste alguien respaldándote durante el proceso?

Nadie. La filosofía no es de equipos. Es un ejercicio ascético, solitario, casi monacal. No se hace filosofía en equipo. No hay trabajos de investigación. Yo no tengo asistentes. Tal vez es un privilegio para maestros de filosofía del primer mundo. Nosotros acá, como decimos en Colombia, debemos montar en bicicleta y mascar chicle al mismo tiempo. Hacemos de todo.

Al principio mencionas que el mundo académico no toma con mucha seriedad a Žižek, y lo ven más como un charlatán, ¿tu libro intenta que esta idea cambie?

Pues sí, puede ser uno de los efectos impensados del libro. Porque en realidad mi intención no es tanto que lo tomen en serio, no es un libro que quiera introducir a Žižek, sino más bien discute todo tiempo con él. Es un libro que está leyéndolo, no estoy presentándolo, no es una introducción al público latino. Capaz que un efecto impensado sea ése.

De hecho hace poco estuve en una gran librería en Colombia y el administrador me dijo que había un filósofo heideggeriano que leyó mi libro y que a partir de la lectura comenzó a comprar todos los libros de Žižek. Y le dije, «bien por Žižek, pero me hubiera gustado más que comprara todos mis libros» (risas). Pero si el efecto es que lo tomen en serio, me gusta entonces.

Algo que le gusta mucho a la gente, y que Žižek ha sabido aprovechar en la cultura pop, es su personalidad de rockstar. De alguien que hace una presentación y abarrota el auditorio. ¿En algún momento pensaste que un filósofo movería así a las masas?

No, nunca. Es un fenómeno muy particular el de Žižek. Nunca había visto algo así en la historia reciente de la filosofía. Hay libros que fueron best sellers en su momento, pero una figura como tal que tuviera un efecto mediático tan gigantesco como él es algo inédito.

¿Crees que nos estamos aproximando a una generación de filósofos mediáticos?

Capaz, no lo sé. Veo con simpatía el vínculo de la filosofía y los medios de comunicación. No sé si con el nivel de popularidad de Žižek. Pero para ser honesto, no estoy tan seguro que la gente entienda mucho lo que él está diciendo. Me imagino que piensa que sí, que está relacionándose con su público, como un analista con su analizado. Pero estoy más seguro de que los medios se relamen porque van a vender más periódicos o revistas con su figura.

¿Te interesa ser una figura mediática como él?

No, desde luego que no, para nada. Creo que haría el ridículo. Tal vez él lo hace también, pero no le importa, a mí sí. No soy reticente a dar mi opinión política en los medios como experto académico. Creo que uno puede funcionar también como intelectual público, y creo que es importante la figura del intelectual hoy en día. El escenario público son los medios de comunicación. Eso no me asusta, pero sí convertirme en figura mediática. No soy una persona para eso, no tengo el carisma de Žižek. No soy tan simpático, me moriría del susto.

¿Si él leyera tu libro qué comentario crees que haría?

Creo que lo llevaría al baño y haría una operación higiénica con él (risas). Estoy bromeando, no lo sé. Digamos que no sé si lea español, mi libro no está dirigido al público de habla inglesa y no me interesa. Me importa más dirigirme a la gente que habla español y a los filósofos de América Latina que son mi público. Mi intención es clara desde el comienzo: fomentar un debate en torno a la política en América Latina, y por eso escribí este libro.

Una de las críticas de Žižek es al posmodernismo. Aquí destacas una parte donde señalas que los posmodernos en lugar de atacar al capitalismo se enfocan en pequeñas luchas, como a luchar por la igualdad entre hombre y mujer, al racismo, a defender a la comunidad lésbico-gay, etc., ¿cuál es tu posición respecto a las críticas de Žižek en este sentido?

Mira, mi posición en todo el libro es estar con Žižek y más allá de él. En algunas cosas le di la razón y en otras no. Digamos que en la crítica al posmodernismo acierta en algunos aspectos, como en criticar cierta tendencia al particularismo de las luchas. A creer que una lucha es política solamente porque está afectando una exclusión muy específica, como estar dirigida a cierto tipo de la población negra o lésbica o de la clase trabajadora, y de creer que uno hace política porque le pide al Estado a que dé derechos con respecto a esa lucha en particular.

Ahí creo que Žižek tiene razón, creo que las luchas emancipadoras no son luchas por derechos, sino por cambiar las reglas del juego. En cuanto a la tendencia al particularismo de las luchas políticas tiene razón y lo acompaño.

Donde no tiene razón, es creer que esas luchas no sirven para nada. Él manifiesta un desprecio total a las luchas del feminismo, a las luchas antirracistas y antihomofóbicas. Él dice que estos sujetos que protestan se creen muy alternativos porque critican al capitalismo y que sólo experimentan el goce de sentirse sujetos únicos. Porque si el capitalismo alguna vez se acabara entonces ellos dejarían de ser lo que son. Es una teoría muy vinculada a Lacan, y me desmarco porque las luchas feministas sí han cambiado el sentido común. Hoy en día se sigue golpeando a las mujeres. México es un caso importante, pero ya buena parte de la sociedad civil levanta la voz. Eso se ha logrado por el movimiento feminista. Sí han habido efectos positivos de estas luchas moleculares, Žižek dice que no sirven para nada, pero no lo acompaño.

En otro pasaje del libro, Žižek habla del capitalismo cultural que surgió después de los movimientos del 68 y de cómo incluso el capitalismo posmoderno invadió el dominio que hasta ese entonces era propiedad del Estado. La desintegración de la URSS y la caída del muro de Berlín fueron señales claras de la hegemonía del capitalismo sobre el socialismo como modelo económico y social, ¿consideras que nuestra sociedad está condenada a la industrialización y al consumo?

No sé si condenada, no me gusta el lenguaje que empleas. Estar condenado es estar resignado, es no poder hacer nada. La política es un espacio donde la resignación no existe, si te tomas en serio la política y dices que no hay nada que hacer mejor salte.

El espacio de la política consiste en plantear alternativas frente a lo que ya está establecido. Aunque es innegable el triunfo del capitalismo y el de la economía de libre mercado en el mundo globalizado, creo que hay unos efectos del capitalismo que sí deben ser combatidos, y es la tendencia a exacerbar las desigualdades.

Creo que frente a eso sí se pueden hacer cosas. No sé si podamos hacer gran cosa en esta generación o en la próxima, como plantear una alternativa contra el capitalismo. No lo veo y no lo vislumbro, pero lo que sí podemos hacer es ponerle ciertos límites. Para eso está el Estado, el Estado sí puede frenar al capitalismo y evitar que las desigualdades sean tan gigantescas. No es posible que el 1% de la población en México acumule la mitad de la producción de este país. Eso es escandaloso, para eso elegimos a nuestros representantes, para que combatan la desigualdad.

No sé si podamos hacer demasiado hoy para montar un sistema alternativo al capitalismo. Los marxistas suelen creer que el capitalismo se acabará por sí mismo y entrará en una crisis que lo hará explotar. Mucha gente pensaba eso en la crisis del 2008 y no pasó nada.

En el libro también refieres del deterioro de la democracia y tocas algunos ejemplos como la invasión de Estados Unidos a Irak o la guerra que desencadenó Álvaro Uribe en Colombia contra grupos insurgentes. Todas estas expresiones a favor de una democracia que es más una política emancipadora. Podrías comentarme, ¿qué errores tangibles observas que ha cometido recientemente la izquierda en Latinoamérica?

Vale, pero te hablo primero de los errores de la derecha. Porque, ¿cuál fue el error de los gobiernos neoliberales? El de lanzarnos a esta crisis. La crisis del 2008 no la hizo la izquierda. La izquierda intentó en Latinoamérica palear el asunto y lo logró parcialmente, pero sí cometió errores.

El principal error de la izquierda fue centrarse mucho en las instituciones, en implementar cambios a ese nivel y se descuidó en fortalecer los consensos desde abajo. En cambiar el sentido común de la vida cotidiana. Lo que observo es que en algún momento los consensos que sostenían a los gobiernos de la izquierda se perdieron y el recurso fue hacerse reelegir institucionalmente, cambiar la constitución para que te volvieran a elegir, y eso es un pésimo mensaje para la democracia. Una hegemonía de la izquierda no puede mantenerse de que te reelijan 40 veces. El declive comenzó con la muerte de Chávez, Maduro ahora no goza de legitimidad, la gente está cuestionando a Correa, Evo Morales no logró ganar el referéndum para su reelección, la presidenta de Brasil se enfrenta a serios problemas, Argentina vivió un cambio con Macri, en Bogotá la izquierda era un bastión importante y cambió por un poder de derecha.

Sí hay un cambio focal en este instante. Pero yo no creo que haya que rasgarse las vestiduras. La alternancia es algo normal en la democracia. La izquierda debe acostumbrarse a gobernar, a ser oposición y a aprender de sus errores. Hay que recomponer las cosas y ya veremos cómo se hace la próxima vez cuando haya oportunidad, pero los errores de la derecha nos condujeron a la gran crisis. El neoliberalismo ha sido algo tremendo para América Latina.

¿La alternancia de gobiernos derecha-izquierda podrá ser una constante?

Lo que se ve ahora es una constante de gobiernos de derecha en América Latina. Dentro de los círculos de la izquierda nos rasgamos las vestiduras muy pronto, le tienen gran temor a la derecha y creen que van a destruir todo lo que construyeron. Hay que confiar en lo que la izquierda pudo hacer antes. En los periodos de Evo Morales cambiaron la política boliviana. ¿Qué había antes en Bolivia? era un conjunto de terratenientes racistas que gobernaban sobre el 80 por ciento de una población indígena reprimida sin acceso a la salud, educación y con una pobreza absoluta. Hoy vas a Bolivia y ves a una población indígena digna y consciente de sí misma, con acceso a recursos. Es un progreso importantísimo.

En política uno nunca regresa a donde estaba, nunca se puede hacer abstracción de lo que ya se hizo antes, sino que hay que entrar a antagonizar lo que ya hay.

Con estos ejemplos que mencionas de Latinoamérica y al momento de voltear a ver México, observo que no hay un cambio de alternancia. En Chile la transición de poderes es de admirarse, pero aquí hemos tenido una hegemonía de un partido único.

México es un país muy particular. Tiene una historia única con el PRI, una historia única en América Latina. No tengo un ejemplo similar de un unipartidismo tan fuerte y tan anclado, donde un solo partido domina el panorama político durante más de 70 años. El resultado que se puede esperar es de una maquinaria muy autorreferencial donde no hay posibilidades de que interrumpan alternativas. Les vendría muy bien un gobierno de izquierda para refrescar el panorama.

Me da la impresión de que con esto de los estudiantes se perdió una oportunidad única. No hubo una suficiente articulación de fuerzas políticas alternativas para hacer una demanda frente al Estado. Es muy grave que 43 estudiantes desaparezcan y no se aclare que el Estado está involucrado con esas muertes y que no pase nada. Es un atentado contra la democracia misma. Las fuerzas de oposición no lograron articularse para salir y exigir. Hubo marchas pero no una articulación política. Mi punto de vista desde afuera es que se perdió una oportunidad histórica tremenda, veamos cuando la vuelven a tener. La oportunidad era que todo mexicano tenía que decir «yo soy ése padre que no encuentra a su hijo». Y que no haya ocurrido eso es tremendo.

No hubo una cohesión social que demostrara esa indignación contra el gobierno.

Exacto, y ¿por qué? Porque hay una desconfianza total con las instituciones. Porque hay un partido único que ha gobernado, y la gente piensa que como son siempre los mismos, ya no hay nada que hacer. El problema histórico de México es que ha estado muy cerca de Estados Unidos y eso le da a la historia mexicana una singularidad que no ves en otros países.

Mencionabas al principio a Pablo Iglesias, ¿qué te parece la izquierda que se ha conformado ahora en España? ¿Hay algo que la izquierda latinoamericana tiene que aprender de ellos?

Yo creo que sí. Incluso creo que en primer lugar ellos aprendieron de nosotros. Uno no puede entender un partido como Podemos sin la experiencia latinoamericana de Juan Carlos Monedero, de Pablo Iglesias y de Íñigo Errejón. Toda esta gente estuvo por acá haciendo una especie de experimento político en Venezuela y Bolivia, ahí aprendieron mucho de nosotros. Lo que pasa en España es distinto, pero han sido muy hábiles en saber traducir esas experiencias latinoamericanas en la situación específica española. Ahora creo que puede volver la bola y nosotros aprender de ellos.

Pablo Iglesias es una figura fundamental para la izquierda no sólo española, sino latinoamericana. Es un tipo lúcido, hábil, inteligente y que sabe cómo hacer política, la entiende perfectamente. Sabe capitalizarla de un modo que es una fuerza nueva, que no está corrupta, que no está metida en las maquinarias oligárquicas del bipartidismo español. Ha traído nuevos aires. Me parece muy importante lo que pasa en España, vamos a ver qué ocurre con las coaliciones, porque Podemos puede afianzarse en el segundo lugar y ser la fuerza definitoria. Podemos está tranquilo ahora, no quiere alianzas con nadie, y en unas nuevas elecciones le puede ir muy bien. Es muy probable que veamos pronto un gobierno de izquierda en España. Que no es cualquier país de Europa, es la cuarta economía. La comunidad europea no puede tratar a España como a Grecia. Y vamos a tener una coalición de partidos de izquierda en España que va a tener efectos inmediatos en América Latina, va a servir para reconstituir a la izquierda latinoamericana al final de este ciclo. Lo que necesitamos es una izquierda que se tome enserio la democracia. No queremos a una izquierda que se haga reelegir 30 veces, porque son las mismas mañas de la oligarquía.

¿Ves alguna figura joven de la izquierda latinoamericana que valga la pena seguirle la pista?

La verdad no, un personaje tan carismático o especial como Pablo Iglesias no lo hay aquí. Ni tampoco un equipo como Podemos. Íñigo Errejón tiene 32 años y lo sientas con políticos o politólogos de 60 o 70 años y les da sopa y seco. Es un chico realmente excepcional, no sé de dónde sacan a esta gente. El otro día vi un video de un diputado de Podemos en el parlamento español lanzándole criticas al ministro de economía pero no tirándole piedras, sino argumentos económicos. Un chico de 32 años, con una soltura y con una madurez y lucidez brillante. Argumentando económicamente. En realidad es un fenómeno increíble todo lo que está pasando en España, es toda una regeneración de la política y todo un cambio generacional y eso no lo veo tan claro en América Latina.

Pensar en alguien como Íñigo Errejón en la izquierda mexicana resulta imposible.

Es que ustedes siguen todavía anclados con López Obrador. Un problema de la izquierda es la falta de relevo generacional y de no permitir que los liderazgos cambien. Si no cambian los liderazgos tendremos casos como los de Bolivia. Se está hablando que la hija de Evo Morales puede ser la candidata para las nuevas elecciones. Aquí vemos la cuestión de la dinastía, de la casta. Eso no puede ser, no le puede pasar eso a la izquierda.

Volviendo al tema de tu libro, hay un pasaje donde se habla de la tecnología como el principal motor del capitalismo, y mencionas lo que ha hecho Gates, Jobs y Zuckerberg, ¿cómo la tecnología va ligada al capitalismo en nuestro modelo económico?

Pues hoy en día la tecnología es la punta de lanza del capitalismo. Hoy en día se invierte mucho dinero en investigación para que haya nuevos iPods o nuevas máquinas. Sin la innovación tecnológica el capitalismo no puede subsistir. Entonces esa es una de las dificultades del combate al capitalismo. Ese es uno de los problemas que tiene Žižek. Él quisiera ver una lucha anticapitalista unificada. La cosa no es tan fácil porque la tecnología está instalada en la vida cotidiana. Tenemos aparatos que cambian nuestra relación con los demás e incluso con nuestra vida misma. No es solamente un celular que es una máquina que nada tiene que ver con nosotros,  ahora el celular está instalado en la vida misma. Uno de los problemas de una supuesta lucha anticapitalista es como dice Žižek, que el capitalismo no es solo un sistema económico, sino que está instalado en nuestro sentido común.

Por último y en ese sentido, ¿cómo utilizas las redes sociales?

A mí me parecen magnificas. Yo participo en Facebook. Me gusta que circulen ideas de todos tipos, las redes sociales fortalecen la democracia. Tengo muchos amigos que dicen que son un instrumento de control. Tienen miedo de estar en Facebook, creen que la CIA va a estar examinándolos. Las teorías de la conspiración y de la paranoia no me gustan mucho. Me gusta que la gente intercambie sus ideas y que tengamos amigos para compartirlas.

Hay muchas de las cosas con las que yo me entero por Facebook. Por eso apoyo a Žižek en ese punto, es un tipo que usa los medios de comunicación. Incluso Pablo Iglesias, ¿qué sería Podemos sin La Tuerka? sin los programas de Pablo Iglesias como conductor de programa de televisión.

¿Para qué son los medios? Para que circulen las ideas, para que haya debate y la democracia se fortalezca. Lamentablemente hay  muchos medios que son monopólicos, restringen la información y están al servicio de ciertos intereses, que no permiten que haya circulación. Pero frente a eso está Facebook, ¿cómo lo controlas?, ¿cómo controlas Wikileaks? Todo lo que salió con Assange y Snowden, sino fueran por esas redes nunca se hubiera sabido.

Santiago

Latest Posts