El deseo como metáfora de la violencia: La región salvaje, de Amat Escalante

Por Luis Manuel Rivera

Amat no suele ser un tipo explícito a la hora de construir sus películas. Si algo caracteriza a Escalante es la ambigüedad. Prefiere dejar que el espectador amarre la mayor parte de los cabos y sólo en ciertos momentos lo pone al límite de algo que llamaría una sutileza violenta, por más contradictorio que pueda sonar ello. Es un director que filma de manera poco evidente cosas demasiado representativas, y aunque en su más reciente película es en la que menos lo hace, no deja por ello de ser el punto más alto de su hasta ahora corta pero reconocida trayectoria.

El eje central de La región salvaje (2016), con la que el mexicano ganó el León de Plata en la pasada Mostra de Venecia, es el deseo, así sin más porque no se trata solamente de algo sexual a pesar de que con tal objetivo lo utilicen varios de los personajes. Convierte a ese eje en el protagonista de la película, aunque tal vez no exista uno como tal, eso cada quien lo decide. Hablar demasiado de este supuesto sería arruinarle la trama a los que creen más en los desenlaces que en los desarrollos con todo y que el final no es lo más importante en las películas de Escalante. Es un punto de partida sin nombre que Amat ideó totalmente a partir de lo fantástico pero que encaja en la realidad sin tener que forzar absolutamente nada.

Como suele hacerlo, la película es un retrato del México más crudo, del que no se habla demasiado en las conversaciones de clase alta, del que callan los que están cerca de él por miedo, y el que gran parte de la clase media ignora en un intento por evadir una realidad que tiene apenas a unos kilómetros. La diferencia aquí es que se trata de una realidad que, según sus palabras, lo ha rebasado y por ello encontró en ese personaje fantástico un rostro que no existe pero que cree que transmite lo necesario.

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Es su película con más diálogos y el causante de ello es seguramente Gibrán Portela, el prometedor guionista de las también exitosas Güeros (2014) y La jaula de oro (2013). Se nota una mano más narrativa en el sentido estricto de la palabra escrita. Eso ayuda a que el propuesto protagonista sea acercado al espectador y no quede en el limbo de lo fantástico y lo terrenal. No es que no hubiera funcionado una estructura con mayor carga visual hacia lo violento como la de Heli para contarlo, pero así lo que consigue es volver a La región salvaje en una película más literaria. El protagonista es digno personaje de cualquier novela de ciencia ficción sin que por ello se trate de algo netamente original, ese no es el punto y seguramente Amat jamás lo buscó de tal forma.

Si uno se detiene a analizar cada secuencia encontrará —quizá— las razones que llevaron a Escalante a ponerlas en ese sitio. No sobra ni una sola. Todas tienen significado del México más convencional, no del México desde el que se hacen los festivales de cine y desde el que proviene el grueso de la gente que aplaudimos estas películas. No hay planos demasiado largos que argumenten profundidad y que la crítica los encuentre contemplativos. No hay retazos de paisaje que muchas veces funcionan para convertir a los mediometrajes en cintas con los requerimientos para competir en un festival. No tiene personajes de sobra, cada uno está justificado, ninguno entra sin un argumento por delante.

¿Que si termina mostrando demasiado de ese personaje fantástico? ¿Que si es su cinta menos ambigua y por ello la más fácil de entender, que no por ello de digerir? ¿Que si la sobreexposición de los personajes toca su punto más alto dentro de su filmografía? Quizá todo ello sea cierto, pero qué mas da, al final se trata de una cinta que no deja indiferente absolutamente a nadie a pesar de que alguien se atreva a asegurar tal cosa, en ese caso estaríamos hablando de una persona carente de sistema nervioso o alguna situación similar. Y es que no cabría esa aseveración porque se trata de un trabajo estimulante por donde quiera que se le observe. No hay mucho más que discutir, difícilmente habrá una mejor película mexicana este año e incluso en más tiempo.

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