Wrekmeister Harmonies, la sinfonía de una era crepuscular

Por Luis Clériga

Vivimos tiempos volubles, mezclados, encontrados e híbridos. Sin duda, el periodo reciente ha sido de lo más lúgubre en muchos sentidos: es difícil ver las noticias y no afectarse por el altísimo grado de polarización que vive la humanidad en tantos diversos ámbitos y latitudes. No obstante, también ha sido una de las épocas de mayor proliferación artística, de nueva música, mayor diversidad y de mayores posibilidades.

Es un tanto aventurado pero cierto: creo que, por mucho, vivimos los tiempos más duales que hemos conocido. El periodo de 2012-2016 ha sido la era del mayor desbalance social a nivel global y, al mismo tiempo, la época también de algunas de las más improbables posibilidades artísticas, tecnológicas, de altos potenciales colaborativos. Es una época que esencialmente nos ha demostrado todo es posible. Hasta hacer discos desde el más allá o dejarlos antes de morir.

Enfatizado hacia lo más reciente… Si bien, el 2015 parecía un año poco substancioso para la música de vanguardia, los nuevos géneros y el pop que empuja límites, 2016 demostró completamente lo contrario. El anterior parecía ser un año sin sabor que no llegaba al máximo clímax; y estoy hablando de todos los estilos (con sus muy contadas y contundentes excepciones, claro está). En este… ocurrió exactamente lo opuesto.

Quizá en parte porque la constante fue el fallecimiento de una inesperada ola de leyendas, celebridades y héroes de variedad de disciplinas, así como el sentir de un cambio político radical en el mundo. Ambos factores creo que de alguna forma catalizaron a todos a lanzar su mejor obra trabajada en el tiempo reciente. Un hecho que genera un gran contraste: mientras que el año pasado había que buscar a profundidad para encontrar la obra más propositiva, este año pudimos disfrutar de nuevos discos de demasiados artistas, consolidados y nuevos; e incluso las despedidas de algunas dichas leyendas que sabían de antemano que dejarían la sala.

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Así que se vuelve un ejercicio completamente subjetivo hablar de lo mejor del año, más en uno en el que hubo tanto cantidad como calidad; quizá aún más que los años más fuertes de este último periodo. Estamos en uno de los momentos más nutridos, arriesgados, amplios y a la vez sobre-ofertados de la música contemporánea, así como también dispersos dentro del panorama supuestamente más horizontal. En un tiempo con tan alta gamma y variedad de encuentros, festivales, colaboraciones… ¿Qué tendría que pasar para que un sólo álbum destaque dentro de todo el montón? Tener algo demasiado sobresaliente o trascendente que apele a todos estos factores, supongo.

Tal es el caso de la última obra de Wrekmeister Harmonies. El proyecto originado en solitario como un one man band del norteamericano JR Robinson en el 2006, vuelve en una nueva encarnación. Es real que desde que empezó a ser editado por Thrill Jockey ha transicionado de solo, a colaborativo y hacia un dueto creativo, así como también banda en vivo. También es cierto que tiene una musicalidad tan elevada como su discurso semiótico.

A diez años de su formación, entrega la continuación de una saga iniciada justo en esta era distópica de infinitas posibilidades: You’ve Always Meant So Much To Me (2013), Then It All Came Down (2014) y Night of Your Ascension (2015). En esa primera trilogía, Robinson logró un alcance colectivo insospechado que reúne una impresionante familia de músicos, desde Marissa Nadler y Ken Vandermark hasta integrantes de Einsturzende Neubauten, Codeine o The Jesus Lizard. Incluso en México llegó a integrar en vivo a la vocalista Bárbara Lázara durante este periodo. ¿Qué más podría hacer?

Así llega Light Falls, el esfuerzo más reciente de este desgarrador músico que ahora está acompañado de Ester Shaw a manera de dueto. Para esta nueva búsqueda, recibe en sus filas a nada más y nada menos que a tres miembros de Godspeed You! Black Emperor: Thierry Amar, Sophie Trudeau y Timothy Herzog. Como si fuera tan fácil integrar a tres músicos clave de uno de los ensambles de música de cámara más increíbles de los últimos años, se unieron a ellos para crear algo que… ya escuchándolo completo, evade cualquier definición.
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El concepto del álbum tiene que ver con el momento en el que la luz se difumina lentamente y es una apología a la resistencia. Su título se origina del texto If This Is a Man de Primo Levi, escritor italiano de origen judío que fuera sobreviviente del Holocausto y resistente anti-fascista. Levi aseveraba que los momentos más inhumanos venían del cambio gradual y que la humanidad así empezaba a aceptar hechos que antes le parecerían inauditos. JR Robinson quiso representar sonoramente estos cambios lentos y la metáfora de un atardecer que lentamente recibe a la noche. La luz desciende.

Por igual, hay una referencia a su incapacidad para entrar en contacto con un ser querido, pues sin Robinson perdió contacto con su hijo tras una relación fallida justo en este periodo. Un tema que posiblemente no había tratado explícitamente en la triada anterior de álbumes o que simplemente aún no acontecía y que en este disco se dedica una canción completa («My Lovely Son Reprise», al cierre). Es como si Godspeed tuviera un hombre lleno de dolor al frente.

Musicalmente, no se podría esperar algo menor para acompañar estos quebrantadores y reales sentimientos. Mientras que antes podíamos ver a Robinson en vivo con dos computadoras y algún invitado, ahora hay cuerdas, glissandos, pianos, secciones rítmicas cercanas al post-rock y al doom más potente, instrumentación semi-sinfónica, más figuras líricas y un aire sombrío. Ahora escuchamos cambios de lo sutil a lo disonante ejecutados con la maestría tras varios años de llevar este proyecto a plazas públicas, a múltiples colaboraciones, a distintas encarnaciones en vivo.

Si el o la escucha no sabe que es un disco referente a la intensidad gradual del paso del tiempo actual o pretérito, así como a una pérdida traumática en la vida personal, de todas formas es posible que sea súbitamente removedor por sus puras atmósferas. Su valor estético es grande, su punto creativo e histórico es altísimo al haber una búsqueda detrás con algunos de los músicos más interesantes que ha dado la música industrial o las vanguardias disonantes.

Al final, se está ante un disco tan contundente como cautivador, pues es difícil definir con palabras como un sentir así pudo llegar a retratar una era o momento histórico. La agonía de un hombre afectado por los tiempos y extrañando a su ser más querido, en un momento lúcido y musicalmente avasallador, en el que claramente el lugar que lo vio crecer, está cambiando. Aún no llegamos al fin del mundo, pero sí a un cambio gradual de era y Wrekmeister Harmonies lo ha musicalizado acorde desde una perspectiva única, íntima, personal.

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