El poder material de los sueños en Twin Peaks

Por Eduardo Cruz

«Mom, it’s so strange. I know I should be sad, and I am, part of me is.

 But it’s like… it’s like I’m having the most beautiful dream…

 and the most terrible nightmare, all at once.»

Donna  Hayward (Twin Peaks)

Twin Peaks es la serie que consagró a David Lynch con el público masivo y reinventó las posibilidades de la televisión estadounidense. Para cuando la serie se estrenó en abril de 1990, David Lynch ya gozaba de cierto nivel de popularidad entre los cinéfilos; Eraserhead (1977) seguía –sigue– sin ser del todo comprendida por muchos pero Blue Velvet (1986) ya había fascinado a la mayoría y expuesto de manera más evidente la retorcida visión de su creador. Ese mismo año, además, llegaría su coronación absoluta como autor al ganar la Palme d’or en el Festival de Cannes con su salvaje romance Wild at Heart (1990). Sin embargo, con tan solo 8 episodios en su primera temporada, Twin Peaks sacudió la forma en la que se hacían las series en aquel entonces y catapultó a los involucrados de manera absoluta al star-system hollywondense, convirtiéndolos en iconos para la eternidad. Y aunque el cambio abrupto de formato y franja horaria para su segunda temporada (en una época en donde se dependía por completo de las televisoras para ver un programa de tv y los espectadores generaban sus rutinas a partir de ello) la condenó a la cancelación, durante el tiempo que la serie ha estado fuera de antena (por usar una expresión de la época) ha generado a su alrededor un culto apabullante. Han pasado ya 27 años desde el estreno de aquel primer gran episodio y la serie se prepara ahora para acometer la tercera temporada en medio de grandes expectativas.

La estructura de la serie al principio, orientada a la soap opera, carece de novedad. Sin embargo Lynch y Mark Frost (el otro autor) se aprovechan precisamente de este punto de partida en común con el espectador para dislocarlo después. La historia nos presenta al citadino agente del FBI Dale Cooper (Kyle MacLachlan) en el desarrollo de su investigación por el violento asesinato de Laura Palmer (Sheryl Lee), una enigmática adolescente, miembro de un pequeño y pacífico pueblo al norte de los Estados Unidos, muy cerca de la frontera con Canadá. Ya en el opening de la serie se nos anuncia que Twin Peaks es un lugar mas bien aburrido y sin mayor interés que su producción de maderas finas, pero al correr de los episodios queda claro que el horror puede encontrarse incluso en el escenario más cotidiano. Conforme la serie avanza conocemos también a muchos otros habitantes del pueblo y con ellos el ambiente se enrarece, cada uno trae consigo una subtrama que enreda y complica cada vez más el misterio alrededor de Laura Palmer y nos descubre que nada es lo que parecía en un principio. Descifrar quién es el culpable tendrá menos que ver con la literatura de Agatha Cristie  y más con sumergirse por completo en nuestros sueños.

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El agente Cooper, acaso el elemento menos normal del conjunto, es una persona de placeres sencillos, fascinado por el paisaje local, el café y las tartas: «You know, this is – excuse me – a damn fine cup of coffee. I’ve had, I can’t tell you how many cups of coffee in my life and this, this is one of the best»,  y que habla obsesivamente con una tal Diane a través de una grabadora portátil. Además, es un sujeto altamente perspicaz que no obstante, coloca tal confianza en sus sueños –rebasando los límites de lo sensato– y persigue las pistas que en ellos encuentra con el mismo tesón con las que seguiría las obtenidas en un interrogatorio. Con él se introduce en la serie uno de los tópicos de mayor importancia en la obra de Lynch,  que tiene que ver con el papel que despeña lo onírico en la vida de sus personajes. En su cine se «conjunta la disparatada especulación fantasmática con la materialidad. »[1] Esto es, que a partir de la fantasía filtrada por nuestro subconsciente es que podemos llegar a entender el rol constitutivo que tienen los objetos materiales para nosotros como sujetos. Los sueños nos revelan información que a «simple vista» no vemos. En este orden, la experiencia inconsciente es también una experiencia de lo real. Ejemplos de esto los tenemos en su filmografía previa y sobre todo posterior, pero tal vez el más acertado sea el diálogo que mantiene Sandy (Laura Dern) con Jeffrey (otra vez Kyle MacLachlan) en una escena de Blue Velvet, en el que «crea a partir de los sueños la esperanza de felicidad simbolizada en la llegada de los petirrojos».[2] En el universo lyncheano se puede vivir a partir de los sueños.

La escena más representativa de Twin Peaks es el sueño que tiene lugar en la habitación roja, «el cuarto de la eterna espera, delimitado por cortinajes rojos y en el que no existe ni el tiempo ni el espacio.»[3] Un sitio similar al de la mujer del radiador en Eraserhead. En él tiene lugar una conversación –cuyos diálogos son recitados en reversa– con un hombrecillo bailarín y Laura Palmer en persona, (¿se es persona si se está en un sueño?) quien revela al agente Cooper la resolución del misterio pero que también entorpece las implicaciones del mismo. Esta escena de la primera temporada es un preámbulo de lo que sucederá con mayor fuerza a lo largo de la segunda, articula lo onírico con lo real y a la vez anuncia «el [futuro] ingreso en el espacio diegético de lo fantástico».[4] La fantasía invadirá el corazón mismo del conflicto y trastocará las conclusiones de la investigación. Así, la serie nos obliga a ver los hechos desde otras miradas, creando un traslape de visiones. Por un lado está el mundo real de los hechos concretos, el que se ve con los ojos, por el otro el onírico/fantástico en el que Cooper nos deja entrar de vez en vez, pero también en un nivel metatextual, a partir de una serie de televisión dentro de la serie, Invitation to love, que algunos personajes sintonizan, podemos capturar un reflejo –quizá aún más melodramático– de lo que vemos y esto nos apuntala posibles pistas de manera discreta. Además hay un constante espiar entre los personajes, la mayoría encuentra formas de acceder a la intimidad de otros sin ser notados: visiones ocultas, e incluso las aves y un tronco parecen tener su propia versión de los acontecimientos: «Los búhos no son lo que parecen», repite más de un personaje. Todas las formas de ver son válidas.

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De ahí también, la importancia de la música y los sonidos en Twin Peaks, que son otra forma de percibir la realidad o de trastocarla: «Para Lynch los sonidos constituyen ‘presencias’ ambientales que no operan como simples sonidos ambientales; estas presencias sonoras serán recursos expresivos que Lynch desarrollará a lo largo de su obra.» [5]  En ese sentido podemos entender el recurso de los diálogos revertidos citado antes o la composición que sirve al opening, creada por Angelo Badalamenti, cursi y pegajosa pero innegablemente bella, como si proviniera de un ensueño, que sirve para dotar a la serie de una atmósfera onírica ineludible. Cada vez que la melodía aparece el ambiente se modifica. «El sonido es la pulsación de tiempo del filme, el ritmo de ese mundo extraño que posee su propia lógica de la sensación.»[6]

Ahora que las series de televisión son acontecimientos mediáticos cuyos estrenos están sincronizados para llegar a una cada vez mayor audiencia alrededor del mundo, sedienta de información inmediata y que rehúye de los spoilers, Twin Peaks tiene el compromiso de cumplir las expectativas que la segunda temporada no alcanzó, y con ello además, llevar la serie por derroteros nuevos sin perder el encanto de antaño, adaptándose a una época completamente diferente a la que cuando recién nació, y demostrar que su regreso tiene origen en algo más sustancioso que la simple euforia por la nostalgia que nos inunda en estos días. La promesa de Laura Palmer desde ultratumba en aquel icónico sueño resuena en nuestros oídos porque al fin está por materializarse: «I’ll see you in 25 years». Y nosotros estamos ansiosos por ello.

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[1] Zizek, Slavoj. Lo ridículo sublime. El cine de David Lynch. Paradiso Editores. México. 2015.

[2] Íbid.

[3]  Chion, Michel. David Lynch. Paidós. Barcelona. 2003. p: 121

[4] Torres, Miguel Ángel.  El destino azaroso de una serie modelo. La fuga. Disponible en: http://www.lafuga.cl/twin-peaks/583

[5] Rangel, Sonia. Ensayos imaginarios. Aproximaciones estéticas al cine de David Lynch, David Cronemberg, Bélla Tarr y Nicolás Pereda. Ítaca. México. 2015.

[6] Íbid.