Retro-visor: Coming up, de Suede, el legado oscuro y sexual del britpop

Por Óscar Tinoco

Si tuviéramos que definir la esencia de la década de los 90 desde un enfoque simplista, pero no por eso equivocado, podríamos decir que estuvo marcada por notables cambios en los paradigmas de la sociedad. A pesar de que el capitalismo se ancló como el principal modelo económico, la humanidad fue testigo de radicales giros políticos y artísticos. La música, no exenta como portavoz de esta realidad, presentó una revolución generacional a propósito del debilitamiento de la cultura dominante.

Mientras varios artistas como U2, Michael Jackson o Phil Collins monopolizaban el panorama internacional en la recta final del siglo XX, se gestaron los últimos grandes movimientos que tuvo la industria de la música con el surgimiento del grunge en Estados Unidos y el britpop en Reino Unido. Ambos tuvieron como principal motor la rebeldía y el hartazgo juvenil ante la falta de oportunidades educativas y laborales.

Cuando grupos como Nirvana, Pearl Jam o Sonic Youth enloquecían a Norteamérica, Morrissey, The Stones Roses y Suede empezaban a hacer lo suyo al otro lado del charco. No obstante, en unos años lo que terminaría de enriquecer al britpop sería la polémica rivalidad entre los hermanos Gallagher y Damon Albarn para llevar el fenómeno británico a una dimensión totalmente mediática y ecléctica.

Mucho antes de caer en la sombra de Oasis y Blur, el surgimiento de Suede significó un aliciente importante para la escena musical inglesa. Apenas lanzaron su primer sencillo «The Drowners» en 1992, y muchos ya los catalogaban como los herederos de The Smiths. Brett Anderson emulaba a la perfección la sensualidad y dramatismo de Morrissey, y el guitarrista Bernard Butler la destreza y habilidad de Jhonny Marr.

Su primer disco homónimo Suede (1993) fue tan esperado por el público que llegó rápidamente al primer lugar de popularidad en los charts de Reino Unido. De su debut, se desprendieron los éxitos «So Young» y «Metal Mickey» que son catalogados en la actualidad dentro de los mejores temas del rock inglés.

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Después vendría aquella noche histórica en la presentación de los Brit Awards, donde le robaron la noche a Rod Stewart y Simply Red con una presentación desaliñada y provocadora de su éxito Animal Nitrate. Una canción con una temática altamente sexual que mostró la sensualidad de un Brett Anderson que ya presumía sus dotes de frontman, ante una audiencia refinada que no asimiló la ráfaga que vio ante sí.

Un año después aparecería Dog Man Star (1994), su segundo álbum, considerado por la crítica como la masterpiece que marcó el fin de una era creativa para los originarios de Londres. Pues inevitablemente, tras una confrontación de egos entre Anderson y Butler, el guitarrista terminó por abandonar la banda.

Este 2016 se cumplen 20 años del álbum más vendido y mejor ubicado en la historia de Suede: Coming Up (1996). Producido por la discográfica independiente Nude Records, representó un reto para la nueva formación del grupo que incorporó a los jóvenes talentos: Richard Oakes como primer guitarrista y a Neil Codling en los teclados (ninguno superaba los 23 años). El éxito del tercer disco fue un logro personal para Brett Anderson, quien demostró que podía mantener el liderazgo y calidad de los trabajos anteriores.

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Coming Up, nominado en 1997 al Mercury Price, también introdujo a Suede al resto de los mercados en Europa, Norteamérica y Asia. En esta nueva producción, destacaría un sonido más accesible y unas letras que se convertirían en un mosaico de la situación por la que atravesaba la juventud inglesa en ése momento. Muchos riffs de guitarra se volvieron memorables y más de la mitad del álbum se posicionó en los primer lugares de éxitos en las radios europeas.

«Trash», tema que abre el disco y que el mismo Brett Anderson la considera como el soundtrack de su vida, habla de la época apremiante en la que crecieron muchos músicos durante la decadencia de la ciudad. El también primer single de Coming Up, ocupó el top ten en las listas británicas y se convirtió en la prueba de que Anderson era la cabeza del grupo y uno de los pilares del britpop.

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El éxito comercial del disco se ejemplificó en el número de ventas, las cuales alcanzaron más de un millón y medio de copias vendidas en todo el mundo. Después de la oda a la juventud que representó Trash, otras canciones siguieron la misma línea como «Filmstar», «Lazy», «She», «The Chemistry Between us», y una de las más celebradas, «Beautiful Ones».

El trabajo más popular de los comandados por Anderson sumó una obra más a los éxitos que acumulaban otras bandas como Blur con Parklife (1994), Oasis con What’s the Story Morning Glory? (1995) y después The Verve con Urban hymns (1997). No obstante, como la ruleta rusa que es la trayectoria de cualquier banda, Suede atravesó su peor etapa creativa que originaría, discos después, la desintegración de la banda.

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Suede no alcanzó la atención mundial de Oasis o Blur, pero recalcó su efímero éxito en la identificación de su audiencia con sus letras. y sobre todo, en la figura oscura de su líder. La cual resultó bastante atractiva en su momento para la prensa que estaba urgida de personalidades que abanderaran el buen momento de su industria musical. Aunque al mismo Anderson le pareciera desagradable aparecer en las portadas de las revistas abrazado de la bandera británica.

Tras un largo descanso, Suede limó las asperezas entre sus miembros originales y regresó en 2010 para entregar dos discos muy dignos, como Bloodsports (2013) y el reciente Night Thoughts (2016), donde es notable percibir su lucidez de composición que a ratos y logra transportarnos a los himnos que compusieron en los 90. Los londinenses han regresado con varios años encima, pero sin decepcionar del todo. Sin embargo, sus seguidores se han multiplicado, ante la escasez de grupos en los que puedan refugiar su soledad.

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