El misterio del amor, o los clichés veraniegos

Por Leo Lozano

El tráiler prometía. Su irrupción en la cultura gay ha sido exitosa. Ya ha cosechado varios premios, tiene nominaciones para los premios de la Academia (también compitió en los Globos de Oro, se fue sin uno solo) y sus protagonistas se han convertido en los nuevos héroes cinematográficos de la comunidad gay, ansiosa por verse cada vez más representada.

La premisa no tiene pierde. En algún lugar del norte de Italia, durante el verano, un chico de 17 años, atractivo y tierno, Elio, y un veinteañero atlético y guapo, Oliver, asistente del padre de Elio, que pasará el verano en casa, protagonizarán el cliché por excelencia del descubrimiento de la identidad sexual.

Todas las piezas del filme, tomadas de la novela de André Aciman, están colocadas para su perfecto funcionamiento en la lógica de lo que busca su director, Luca Guadagnino: un lugar idílico en Italia, en la mejor época del año, dos hombres guapos que se enamoran y un soundtrack que se ajusta perfecto a sus personajes, a lo que viven y a dónde viven.

La narración opta por las sutilezas y el romance tierno, de ensueño, ese que sólo se vive en las películas. ¡Por favor, estamos en Italia, en los ochenta! La temperatura del ambiente provoca el exceso de pieles al aire libre. Imposible no aprovechar la oportunidad de que un adolescente y un hombre mayor se toqueteen, se den besitos y cariñitos, todo en plan inocente. Ojo, aquí la pedofilia ni se asoma. No está este romance para esa discusión, es tan lindo, tan platónico, que no hay por qué ensuciarlo con lecturas perversas.

Y qué decir de los padres del chico Elio, judíos liberales y permisivos que casi desde el principio se dan cuenta de lo que sucede entre su hijo y el huésped. Los padres, comprensivos como pocos, alientan la experimentación y no les quita el sueño que el invitado sea mayor que su vástago.

Y, sin embargo, pese a lo rosa de la historia y del tratamiento que el director hace de ella, debo admitir que me enganchó, mea culpa, precisamente por todos esos clichés que la configuran. Hasta el tema principal, «Mistery of Love» de Sufjan Stevens me estuvo dando vueltas por la cabeza durante varias semanas y ello me puso a pensar en lo efectivo de la trama.

¡Claro! Así como lo hace Pixar, el filme de Guadagnino sabe cómo llegar a las emociones del espectador. A lo mejor la película es facilona y de no ser porque habla del primer amor entre dos hombres no estaría siendo tan cacareada en festivales y demás, pero debo admitir que la cinta, con su erotismo suave, sus escenarios y música de ensueño, es seductora, aunque al mismo tiempo irriten sus pequeñas dosis de cursilería.

Pongámoslo así, la película está bien para un domingo de melancolía, pero no sé si es la obra maestra que algunos afirman que es. Intuyo que el lector ya sabe de qué cinta hablo.

 

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