Ceremonia 2018: Beck, la importancia de ser un ‘loser’

El cantante pasó de vagabundo a artista de vanguardia por su talento para entender la sensibilidad de su tiempo.

Por Adrián Ávila

Beck se ha convertido en una institución musical. Su trayectoria está definida por su capacidad para explotar su potencial estético desde diferentes perspectivas. El marginado de Mellow Gold (1994) se diferencia del excéntrico de Odelay (1996) y la sensibilidad en Sea Change (2002) del dance de Colors (2017). Sus discos se han convertido en clásicos para más de una generación, pero mucho de su éxito le debe a un sencillo que le ayudó a madurar y pasar del anti-folk a una serie de propuestas más arriesgadas: “Loser”.

“Loser” fue el primer éxito comercial de Beck. Después de pasar una terrible temporada en Los Ángeles, tocando anti-folk, realizando perfomance y repartiendo sus cintas de música, Tom Rothrock, dueño del sello musical independiente, Bong Load, se interesó por el estilo del artista californiano. Tom a su vez presentó a Beck con Karl Stephenson, productor de Rap-A-Lot Records y en una sesión de improvisación en 1993, “Loser” nació en sus primeras versiones.

En una entrevista con David Browne, Beck llegó a confesar que él tocaba canciones sin disparatadas para ver si su público le ponía atención y “Loser” fue una extensión de ello. Pero el sencillo no fue un disparate azaroso, sino elaborado, pues gracias al apoyo de Karl Stephenson, Beck pudo experimentar más allá del anti-folk al que estaba acostumbrado. Además encontró una manera de concluir una canción que tenía pensada desde los años ochenta y enunciar su propia experiencia como vagabundo.

El sencillo surgió en medio de una época donde la idea del rock como forma de cambio social ya no existía. El post-punk, la new wave y el heavy metal se habían convertido en caricaturas de sí mismos. Por su parte el grunge tomó fuerza a principio de los noventa en los EEUU. Bandas como Sonic Youth, Nirvana, Smashing Pumpkins, Rage Against The Machine y Nine Inch Nails dotaron de un carácter propio al movimiento. Sus sonidos ríspidos, letras desoladoras, estilo sombrío y su rebeldía definieron una generación desencantada con las viejas formas e instituciones.

Sin embargo, “Loser” llegó como una forma de ruptura con las asperezas del género. Beck no se deshizo del desencanto, ni la decadencia, pero sí de la forma de expresarlo. En lugar de hacer una rabieta a través de la música, optó por una mezcla entre su anti-folk, hip-hop y pop. La constante repetición de los acordes de la guitarra y la batería de fondo no generan tensión alguna, tampoco encontramos el rescate de los solos de guitarra, ni un virtuosismo exacerbado.

Es una canción aparentemente sencilla, pero todos sus elementos embonan de forma precisa en su narración. Al tratarse de un himno al fracaso, necesita ser simple para que exista una concordancia entre el sonido y lo textual. Si la música fuera muy aparatosa, se perdería la importancia de la letra y si los versos tuvieran mayor complejidad, no parecería enunciada por un perdedor. Incluso el mal rapeo aporta significado porque el estribillo “Soy un perdedor, I’m a loser baby, so why don’t you kill me?” surgió de la frustración de Beck al no poder imitar el estilo de Cuck D. de Public Enemy

En lugar de lamentarse por su infortunio, Beck lo parodió. Tan sólo con escuchar el primer verso “In the time of chimpanzees I was a monkey”, entendemos que habrá un uso de la exageración como forma discursiva. El narrador nos cuenta sus peripecias, justifica por qué es un perdedor y considera a la muerte como única salida. Algunas oraciones parecen no tener sentido, pero concuerdan con que el narrador es un paria de la sociedad. Su estilo relajado se parece más al de R.E.M. o el brit-pop británico de los Happy Mondays, Oasis, Blur o Pulp.

“Loser” fue una canción emblemática para una generación que sólo necesitaba reírse de su propia desgracia. La canción fue importante para Beck porque le permitió abrir sus horizontes hacia otros estilos musicales. Pero también demostró su capacidad para tratar temas delicados con mesura e inteligencia. Y es que la música del güero californiano siempre produce un efecto de alivio. Puede ayudar a digerir un sentimiento de ser perdedor, una ruptura emocional o el miedo a la muerte.

Beck encabeza el cartel del Ceremonia 2018 y se presentará el próximo 7 de abril en el Foro Pegaso. Sin duda una oportunidad para ver al hombre que pasó de vagabundo a artista de vanguardia por su talento para entender la sensibilidad de su tiempo.

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