Un cuento de hadas en tiempos infames

La novela más reciente de Salman Rushdie transcurre puertas adentro y en torno a una mansión llamada la Casa Dorada, con Nueva York como telón de fondo

Por Rafael Miranda Bello

Cuando Trump irrumpió en el espectáculo electoral de su país, decretando la muerte del sueño americano pero anunciándose como el intermediario milagroso capaz de resucitarlo, yo no tenía ni la más remota idea de quién diablos era aquel grotesco gesticulador. Luego me enteré del programa de concursos que había chapado en oro su celebridad, y a regañadientes me hicieron un repaso básico de los tejemanejes de su aburrida dinámica. Me pareció un personaje casi tan inofensivo como ridículo.

Estaba equivocado, por supuesto, pero incluso después de que tuve claro que se trataba de un hábil embaucador que ganaba réditos pontificando el mito del hombre que se ha hecho a sí mismo, y acarreaba manadas de seguidores jurando y perjurando que devolvería la grandeza perdida a la épica América de sus sueños, el verdadero balde de agua fría me cayó encima hasta el momento en el que ganó las elecciones, y entonces tuve que aceptar a la mala que sus ocurrencias sin gracia eran en realidad un asunto muy serio.

“En esta época degenerada, unos hombres entregados a la simple vanagloria y al beneficio personal –unos hombres vacíos y fanfarrones, para quienes nada está prohibido si beneficia a su mezquina causa– aseguran ser grandes líderes y benefactores y obrar en aras del bien común”, escribió Salman Rushdie (Bombay, 1947) en La decadencia de Nerón Golden, un cuento de hadas de última generación que tiene el registro de falso documental, hace guiños de tragedia clásica, y encuentra su desenlace en un drama contemporáneo escenificado entre la entusiástica victoria de Obama y el triunfo con sed de sangre de Trump: “y a todos los que se les oponen los llaman mentirosos, envidiosos, personajillos, estúpidos, agarrotados y, dándole completamente la vuelta a la verdad, deshonestos y corruptos”.

Puesta en la voz de un joven cineasta, la novela más reciente de Rushdie –en la que Trump muta narrativamente en avatar del Guasón como arquetipo sintomático de los tiempos infames que corren– transcurre puertas adentro y en torno a una mansión llamada la Casa Dorada, con el panorama de la ciudad de Nueva York como telón de fondo, y unas cuantas escapadas argumentales a Bombay, y revela en primer plano una crónica familiar liderada por Nerón Golden, un patriarca muy bueno para las malas artes que reinventa su vida y su historia lejos del lugar en el que acaparó el grueso de su fortuna, junto a sus tres hijos y una esposa propietaria de gran capital erótico, pero sin poder borrar un pasado envuelto en contubernios de mafiosos en el que, sin mayores sorpresas, el más despiadado extermina al menos sanguinario.

Sin embargo, hay esperanza: “Pasa el tiempo. Los hombres grandes se encogen y los pequeños crecen. Un hombre se ve mermado por la edad anciana mientras la sombra de otros crece. Ahora pueden estirar el brazo y tocar sitios y a gente que antes no alcanzaban”, dice el narrador de la novela de Rushdie en tanto es arrastrado por el torbellino de la vida en movimiento: “Los payasos se convierten en reyes y las viejas coronas quedan tiradas en el arroyo. Las cosas cambian. Así es el mundo”.

Como si contara con las propiedades adherentes y maleables de la Piedra que cede, la bola de plastilina que Gabriel Orozco sacó a rodar a las calles para que se impregnara de mundo, y en consecuencia se transformara, o los Zapatos magnéticos con los que Francis Alÿs recolectó el cascajo metálico que sus pasos atrajeron durante una de sus derivas urbanas, Rushdie contamina La decadencia de Nerón Golden con los ubicuos asuntos que parecen estar a la orden del día: el viacrucis cotidiano de la corrección política, los conflictos de identidad en sus múltiples y variadas bifurcaciones, el magma de odio, intolerancia y racismo que borbotea y se desborda en cuanto rascamos un poco en las caretas superficiales que nos colgamos; pero también patenta una interrogante humanamente irónica: ¿importa en algo que los megalómanos más peligrosos que pisan y respiran en el mundo, proclives a tomar las decisiones más nefastas y criminales, sean amables con sus hijos o cariñosos con los perros?

rafamirandabello@gmail.com

Salman Rushdie. La decadencia de Nerón Golden. Trad: Javier Calvo. Seix Barral, 2018, 523 pp.

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