Diez años de frescura y riesgo. Entrevista con Moni Saldaña, directora de Nrmal

Por Miguel Ángel Morales

Aunque ahora existe una media docena de eventos con artistas internacionales de gran renombre, hasta no hace mucho Monterrey era una ciudad con pocos conciertos masivos. El ejemplo más reciente de su relevancia como punto de recepción musical sucedió hace dos años, cuando Kendrick Lamar —tal vez el artista pop más importante de la actualidad— realizó la que es hasta hoy su única presentación en nuestro país. Para sorpresa de muchos, el recital no se dio en el Palacio de los Deportes, el Foro Sol o en algún recinto o festival defeño, sino en el Parque Fundidora. Eso habla de una descentralización en la oferta de conciertos de pop, normalmente acaparada por la capital del país. Pero esto no siempre fue así. Fuera del auge iniciado hace dos décadas con la “Avanzada Regia”, y después con Nene Records o el sello-colectivo Happy-Fi, la aridez de festivales era más bien lo que caracterizaba a la llamada Sultana del Norte. Había, eso sí, tocadas caseras o en espacios pequeños como Roché o el Garage. A mediados de la década pasada empezaron a surgir eventos musicales de talla internacional. Por ejemplo, en 2006 The Strokes presentó su tercer disco en el hoy extinto Auditorio Coca Cola, ubicado en el mencionado Parque. Ese fue el primer concierto al que asistió Mónica Saldaña, quien se volvió asidua de todo tipo de foros en donde tocaran punk, rock o electrónica. Desde luego, también asistió en 2010 a la primera edición de Nrmal, un festival que reunía a 30 proyectos independientes en el icónico Garage. Gente como Julianna Barwick, Banda de Turistas, Daedelus o Awesome Color o Juiceboxxx iniciaron una tradición que ha hecho de Nrmal un evento tan peculiar: convocar a artistas de vanguardia, de culto o simplemente polémicos durante uno o dos días de música y entrega pura de un público que en ese entonces era afecto a escuchar a sus músicos favoritos en carpas alternativas de festivales masivos o bien, de manera individual en salas de la capital mexicana.

Desde sus inicios, Moni, como la llaman todos, se integró al equipo de Nrmal como voluntaria. Actualmente como directora, ha propiciado en gran medida que el festival sea considerado por no pocos como el más propositivo y audaz del país desde su mudanza a la CDMX en 2015. Cinco años de presenciar todo tipo de eventos insólitos, como el ritual apocalíptico de Swans, la masacre sonora de Sleep, la perfección matemática de Battles y la belleza sin precedentes de Cornelius, entre otros actos. ¿Quién puede jactarse de incluir a su programa a alguien del calibre de Grimes cuando su nombre empezaba a despegar? ¿O alternar el mismo día a Brujería con Ariel Pink? Eso habla de la vocación alternativa de un proyecto como Nrmal, que en sus primeros diez años ha logrado forjar una identidad afín a un público que busca propuestas frescas. El equipo conformado por Pablo Martínez (fundador), Alfonso Muriedas (programación), Claudia Sandoval (comunicación) y Moni (dirección) se ha caracterizado por una vocación inusual por el riesgo, un salto al abismo en donde los festivales se programan en serie, como si de productos desechables se tratase. Este año Mazzy Star, Spiritualized, John Maus y Death Grips son las cartas fuertes, aunque en general la totalidad del festival es garantía de un gran nivel musical y de producción.

A continuación, una charla con Mónica antes de la celebración por los diez años de Nrmal, que ocurrirán el sábado 2 de marzo en el deportivo Lomas Altas, recinto ubicado en avenida Constituyentes.

Hemos llegado a diez años de Nrmal en un contexto en el cual abundan todo tipo festivales: de bolsillo, a gran escala y los que están a medio camino entre lo masivo y lo pequeño. Nrmal se encuentra justo en el último nicho. ¿Qué opinas del crecimiento del festival durante este lapso?

Estoy muy feliz de que durante todo este tiempo el festival pueda existir. Ha sido un camino de muchísimo trabajo, no ha sido nada fácil ni lo seguirá siendo. Creo que la diferencia de por qué lo hacemos de una forma muy específica durante diez años es porque desde un inicio teníamos muy claro el tipo de festival que queríamos hacer. Cuando tienes tan claras las cosas se facilita tomar decisiones, incluso si son decisiones como cambiar de una ciudad a otra, ampliarlo de un día a dos días o reducirlo a uno otra vez. Esa seguridad que tenemos de qué experiencia queremos tener es lo que nos ayuda a seguirlo manteniendo y al final la parte más importante tiene que ver con 1)los artistas increíbles que esto nos permite seguir presentando, y 2) la comunidad que se genera y que va al festival. Eso es lo que nosotros queremos seguir propiciando cada año. Como tú dices, Nrmal no es un festival gigante peor la comunidad que tenemos confía en nosotros y eso lo respetamos muchísimo.

¿Cuál es la palabra que define a Nrmal?

Lo venimos usando últimamente. La frescura: cualquier cosa que puedas entender por frescura a la hora de la experiencia y la música. Seguir sintiendo cosas relevantes y muy chidas. Otra palabra que me gusta es la libertad. La libertad de hacer lo que quieras, de presentar lo que sea, de ser ellos mismos, eso es importante.

La verdad es que no lo tengo tan claro todavía. Este año cumplimos varios pendientes que teníamos, por ejemplo, con Death Grips, con John Maus, con Spiritualized, con Beak. Bandas que ya teníamos en el radar. Ahora ya tenemos ese “check” de que ya sucedieron. Ahora, no hemos tenido el tiempo de pensar en quiénes serán los próximos, pero eso es lo padre de esto, que apenas termine el festival seguramente planearemos lo que sigue.

Ustedes abrieron una brecha en un terreno poco explorado en lo que respecta a festivales, que es el de traer bandas independientes, experimentales u oscuras que son muy específicas, de nicho. Claro, otros festivales como Aural, Distrital o Bestia también han elegido esta bandera, pero ustedes de cierta forma, fueron los más visibles y abiertos a un público acostumbrado a ir a masivos. En la actualidad es muy común ver este perfil en diversos festivales realizados en la CDMX, sin embargo en 2010 resultó bastante novedoso. Ahora bien, en un panorama en donde lo raro y experimental ya no son el principal atributo de un festival, ¿cuál sería la cualidad que rige el trabajo de Nrmal en 2019?

La gente. Quien va a nuestro festival son verdaderos fanáticos de la música, les importa en demasía lo que está pasando sobre el escenario, no es una onda de “a ver qué onda con esto” o de poses, sino que en realidad van a prestar atención. Ese es el tipo de público que queremos nosotros porque valoran el talento que traemos. Y más que hablar de cualidades sobre lo raro —que entiendo perfecto a qué te refieres—, creo que en Nrmal tiene que ver un poco con que la gente se siente libre y valorada en el festival, porque respetamos mucho al público. Para nosotros siempre independientemente del artista que traigamos, el festival se trata de eso: de que la experiencia sea la mejor para nuestros fans que están apostando y confiando al pagar un boleto, y al mismo tiempo experimentar con la música. Eso es lo más divertido de estar aquí: que no tenemos que seguir una fórmula o línea, y por ello siempre podemos seguir haciendo lo que pensamos que es lo correcto y aquello que va a ser la mejor experiencia. 

Desde la primera edición a la actual, ¿qué ha cambiado en la producción, gestión o curaduría del festival?

Internamente ha evolucionado mucho el festival. Antes nuestra perspectiva era tratar de tener al mayor número de artistas para sets más chiquitos. Por ejemplo, un día en Monterrey en 2013 bookeamos cien bandas. ¡Una locura! Pero en ese momento esa era la perspectiva: conocer y ver de todo. Ahora es más bien darles más tiempo, hacer sets más especiales. Si Swans quiere tocar dos horas pues que toque dos horas. Entonces se trata de qué momento vamos a generar con qué show. También ha cambiado la parte de cómo programamos a los artistas mexicanos; antes era presentar lo más fresco, lo más nuevo. Ahora, tratamos de que algunas de las propuestas que presentamos estén en un lugar más importante y reiteren lo que están haciendo con el público.

¿Qué acto o presentación que consideras más valioso personalmente durante tu estancia en Nrmal?

Es una pregunta muy difícil, ya que ha habido muchísimos eventos especiales. Uno que me gusta mucho recordar y que personifica varios puntos del porqué me gusta y me considero afortunada de poder hacer esto es el show de Blood Orange en 2014, la primera edición realizada en la Ciudad de México. Representa justamente esa apuesta que hacemos con artistas que en determinado momento tal vez no son tan conocidos pero que sabemos que son increíbles; eso fue hace casi seis años. Ahora Blood Orange sigue muy activo y lo conocen en muchísimos lados. Entonces tiene que ver con esa parte de cómo nos arriesgamos en la programación pero también con el show en vivo; el show que Blood Orange trajo con muchísimos músicos representa la más alta calidad; hubo un momento cagado al final de su presentación cuando la gente se saltó la valla y se subió a bailar con él. Más que un momento de caos y crisis, sucedió lo contrario y reafirmó lo que es el festival: una sensación de camaradería, de sentirse cerquita del artista al que estoy viendo. Ese momento engloba la esencia al cien por ciento del festival.

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