Nrmal 2018: El lujo de lo independiente

El Nrmal no es sólo espacio para las bandas alternas porque los contrate, sino porque permite su desenvolvimiento.

Por Adrián Ávila

Todo festival es una forma de expresión. Las bandas que invitan, el espacio elegido, los patrocinadores, la organización, el diseño e incluso el público conforman cierto lenguaje, cierta identidad. En el Nrmal se puede apreciar esto como en pocos festivales, pues todos sus elementos embonan para dotarlo de un carisma único en el medio. Y a pesar de todos los cambios que ha sufrido a lo largo de su historia, siempre ha mantenido su esencia.

Este 2018 no fue la excepción. Con un cartel encabezado por Explosions In The Sky (EEUU), Mac DeMarco (CA), Sleep (EEUU) y Cornelius (JPN), el Deportivo Lomas Altas se convirtió en un recinto donde la escena independiente brilló con sus propuestas particulares. Sin embargo, las experiencias de este año, lograron despertar una serie de reflexiones en torno al Nrmal y el discurso que proponen a través de sus medios.

Las bandas que merece el público

Desde sus inicios, el festival Nrmal se ha caracterizado por traer propuestas alternativas a la música de las masas populares. Por esta razón el lugar donde se desarrolla siempre ha tenido una similitud con los días de campo. Un espacio abierto, pero a la vez íntimo donde uno se puede sentir cómodo. En cada detalle se puede apreciar una muestra de que es un festival organizado con amor, a pesar de sus tropiezos.

Este año trajeron bandas que por primera vez tocaron el territorio mexicano. Agrupaciones que encajan perfectamente en el estilo del festival porque necesitan de un público como el del Nrmal. Durante cada uno de los actos pude apreciar un enorme respeto por parte del público. Fueron contados quienes le gritaban a los artistas o pedían que ya terminaran sus actos.

Públicos como éste permiten que actos tan delicados como el Mellow Waves de Cornelius pueda ser apreciado en su máximo esplendor. La interpretación de Felix Kubin del “Estudio para piano mecánico” de Colon Nancarrow no hubiera florecido con tanta facilidad en otros escenarios y aunque el final de Mac DeMarco con su cover de “Under the brindge” cantado por uno de sus amigos, no terminó por encantar a todos, tuvo concordancia con el resto del festival.

El Nrmal no es sólo espacio para las bandas alternas porque los contrate, sino porque permite su desenvolvimiento. Gracias a ello podemos disfrutar de música que pareciera imposible de traer al país. Además promueve un ambiente tolerante muy acorde a los discursos de moda.

 

Un underground fresco, pero poco arriesgado

La atmósfera del Nrmal te invita a ir con cierta humildad respecto al conocimiento musical que puedas llegar a tener. Tanto él como el MUTEK son de esos eventos en los cuales uno va por un puñado de bandas de su interés, pero termina regresando a casa con un bagaje más amplio. Siempre invitan por lo menos a un par de artistas desconocidos que termina por maravillar a unos cuantos melómanos.

Tan solo el año pasado en el escenario de la carpa (este año bautizado como Tent), se presentaron Running desde Chicago, una banda de punk explosivo; en 2016 estuvo el compositor Pierre Bastien con sus máquinas musicales; y en 2015 el sirio Omar Souleyman puso a bailar a todos con su particular música electrónica.

Sin embargo este año, sin tomar en cuenta a los estelares, la mayoría de las bandas no tenían ningún acto arriesgado que las hiciera destacar del resto. Quizás es un problema general de esta nueva escena independiente: Por un lado ya no experimentan formas de expresión, imitan los modelos más populares; por otro surgen en un momento en que la combinación de géneros musicales ha sido sobreexplotado y ya es difícil tomar por sorpresa al público.

Yves Tumor y Cerrero fueron de lo destacado y poco conocido, pero debido a que sus presentaciones se empalaban con la de Mac DeMarco y la de Cornelius, pocos pudieron apreciarlos.

Dub de Gaita. Foto: Miguel Ángel Morales

La organización

Creo que este año he escuchado más quejas del Nrmal a diferencia de otros años. Uno de los detalles más evidentes fueron sus problemas en el sonido. Salvo en la presentación de Cornelius, todos los actos tuvieron algún detalle, un bajón de volumen, un corto, exceso de Hertz y algunos sonidos crepitantes que no debían ir con las canciones. Algo que le sucedió a Sol Oosel (MX) al inicio de su presentación.

Otro problema fue la venta total (quizás sobreventa) de boletos. Es bueno que el festival tenga tal concurrencia porque ello ayuda a repetirlo cada año, pero en cuatro años de asistencia jamás había presenciado tanta gente. Al final de Mac DeMarco era imposible salir de los escenarios Black y Blue. Esto entorpece la esencia del festival, pues busca un espacio menos concurrido para un público más tranquilo.

El problema de la organización también se vio reflejado en el escenario Tent. Pues hubo una serie de confusiones debido a la cancelación Moor Mother por causa de una tormenta que azotó en noreste de los EEUU. Lo primero fue el desplazamiento de los actos. Aunque se anunció que Pelada (QC) se presentaría a las 17:15 por Twitter y en la pantalla del escenario, poco se reiteró sobre lo mismo ocasionando que muchos se confundieran con las presentaciones de la carpa.

Mac DeMarco. Foto: Miguel Ángel Morales

Cornelius y su Mellow Waves

Pocos artistas alcanzan la madurez de su talento. Muchos se terminan conformando con los sonidos que les dieron fama y se pierden en la vanidad de sus inicios, otros optan por alejarse de la música o convertirse en una caricatura de sí mismos. Para Keygo Oyamada su trayectoria musical ha sido un viaje que lo ha pulido hasta alcanzar su mayor potencial hasta ahora: Mellow Waves. Y su presentación en el Nrmal fue reflejo de esto.

Un círculo del que se desprenden ondas conforme el pulso de la música lo altera. Así fue como Cornelius estableció el tema, tono y ritmo de su presentación. Una expresión de su delicadeza a través del trabajo conjunto de sus visuales con el sonido de su experiencia. Además mantuvo la misma atmósfera a lo largo de su setlist y la oscuridad sirvió de cómplice para encerrar al público en un mismo universo de sonoridades.

Necesitamos de festivales que exijan interpretaciones como la de Cornelius. Porque su participación no sólo representó la cumbre de su carrera, sino la de un festival que por años ha tratado de introducir artistas de calidad a los escenarios mexicanos.

Cornelius. Foto: Miguel Ángel Morales

El lujo de lo alternativo

Hay algo que siempre me ha parecido disonante en el Nrmal: el excesivo precio de lo alternativo. Entiendo que financiar un festival de tal calidad necesite de una enorme cantidad de dinero. Al final la música underground es también un producto a la venta, pero el hecho de que sólo una clase privilegiada pueda acceder a este nivel de cultura, debería hacernos reflexionar sobre la situación de las propuestas musicales actuales.

El festival Nrmal, y algunos otros, representan un modo de aproximación cultural. Asistir a ellos no sólo brinda una experiencia, sino una interpretación del mundo y un estatus. Esto sucede con muchos de los objetos culturales y no es que sea negativo. Pero al asociar un festival a la idea de lo alternativo, se puede correr el peligro de mitificar este concepto. Si se quiere ser alterno, se debe tocar aquí o se debe sonar como tal.

Simon Reynolds comenta en una entrevista que «hoy en día mucha de la gente que está en las bandas exitosas del britpop provienen de la clase privilegiada». Lo cual le parece irónico porque el britpop era la vía de escape para la clase trabajadora. El problema de mitificar lo underground repercute en que la escena realmente alterna, quizás la que puede surgir de las clases trabajadoras, se aleje de espacios culturales para su difusión. Y creo que es algo que el NRMAL también ha tomado dado cuenta.

El cierre del Nrmal en Casa del Lago y el encuentro NODO son algunos de los eventos que intentan romper este mito de la cultura alterna como un lujo. Por un lado, al ser gratuitos ofrecen una alternativa de calidad a quienes no pueden asistir a los eventos de pago y por otro, abren espacios para la discusión y la difusión de pequeños proyectos. Sin embargo estos son espacios limitados. Queda mucho por hacer para abrir una nueva brecha cultural que permita explorar las capacidades musicales que definan la próxima década. Pero por algo se empieza.

PD: Dejen de obligar a sus perros a sentir el mismo interés por los festivales que ustedes.

Smurphy. Foto: Miguel Ángel Morales
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