Repatingado en el sofá

La primera entrega de la nueva columna de Iván Farías sobre libros memorables y peculiares.

Por Iván Farías 

Yo leo caminando, tal vez lo hago porque antes el único tiempo que tenía para hacerlo era en el transporte público, cosa que cambió desde que comencé a moverme en bicicleta. Ya lo sé, un hípster hecho y derecho, pero bueno, no tan así, lo hago porque afortunadamente vivo cerca de mi trabajo. Me gusta leer caminado porque sentía que perdía el tiempo en las largas horas de espera en hospitales, autobuses y filas bancarias. Hoy que vivo un poco menos ajetreado leo en un sofá.

Para mí este mueble siempre me ha recordado dos cosas: el sexo y el psicoanálisis. El sexo, porque en la casa paterna tenían un mullido, amplio y cómodo sofá en el que acabé teniendo mis primeros encuentros amatorios con mis compañeritas de clase, esas con las que tonteaba en la secundaria y preparatoria, que llevadas bajo el deber de realizar la tarea, acaban semidesnudas en la sala de la casa.

No podemos olvidar el del recientemente fallecido Huberto Batis, mismo que adornaba un rincón en su oficina del suplemento cultural más emblemático del país, “El sábado” del Unomásuno. En ese sofá se sentaron y se dejaron fotografiar lo mismo bellezas totalmente desconocidas que futuras escritoras que hoy lo recuerdan con cariño. Era un espacio erótico que se renovaba cada semana, como una especie de página 3 del Ovaciones pero en su versión cultural.

Pero el sofá es pariente del diván, ese mueble que los psicoanalistas freudianos utilizan para poder sacarte los recuerdos de tu vida, es decir como una especie de destapacaños del alma.

Es en ese mismo sitio donde desde hace un par de años paso revista a los libros que me van llegando, lo mismo novelas, biografías, enormes coffee table books, novelas editadas en pequeñas imprentas o directamente en enormes compañías que sacan entre 10 y 20 mil ejemplares diarios.

Así que sin más, siéntese en este sofá, vea su hermoso terciopelo color vino, recárguese con tranquilidad, prenda la lámpara que está justo al lado derecho de la cabeza, tome un libro de la encimera y lea conmigo sin preocupaciones.

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