Future Islands: viaje musical a la nostalgia

Oscar Zapata relata el primer concierto en solitario en la Ciudad de México de la banda liderada por Samuel Herring.

Por Oscar Zapata

En cuanto se apagan las luces de El Plaza Condesa, la multitud estalla en gritos y chiflidos. La espera ha sido larga para sus seguidores: los Future Islands se presentan por primera vez en concierto solitario en la Ciudad de México. Habían tocado ya en la capital mexicana, pero lo hicieron como parte del festival Nrmal celebrado en 2015. Hoy tienen el escenario para ellos y nadie más que ellos. Vienen de un emotivo concierto en Guadalajara, donde se presentaron el 1 de mayo para el deleite de sus seguidores tapatíos. Son las 9:20 de la noche del 3 de mayo y Gerrit Welmers (teclados), William Cashion (bajo) y el baterista que acompaña a la banda durante las giras, Michael Lowry, entran al escenario y asumen posiciones junto a sus instrumentos. Samuel Herring, el histriónico y carismático vocalista, enfundado en unos jeans ajustados y camisa negra bien fajada, es el último en entrar.

El que ha sido descrito por medios norteamericanos como “uno de los líderes más magnéticos del indie rock” se para en medio del escenario y observa con incredulidad el frenesí de los fans. La rechifla, los aplausos y las ovaciones le sacan una tímida sonrisa, una mueca de beneplácito. El pacto está hecho: la entrega de Herring en el escenario es siempre directamente proporcional a la del público. Si algo ha elogiado la crítica de las interpretaciones en vivo de los Future Islands, además de la nitidez e intensidad de su sonido, es la contagiosa pasión y arrebato de Herring en el escenario.

A diferencia de sus dos únicos conciertos de 2018, el del 29 de abril en Cincinnati y el del 1 de mayo en Guadalajara, abren la noche con una canción inusual en su setlist: “Back in the Tall Grass”. La rola conjuga los distintivos de la banda: la potencia y precisión del bajo de William Cashion, que recuerdan lo más emblemático de bandas como Joy Division o los Smashing Pumpkins (el propio Cashion ha declarado que, como para muchos de nosotros, el Mellon Collie and the Infinite Sadness fue un parteaguas en su vida). Le acompañan los sintetizadores rítmicos, enérgicos y melancólicos a cargo de Gerrit Welmers, que suenan a lo más pop de Kraftwerk, Orchestral Manoeuvres in the Dark o incluso Depeche Mode. Complementan la voz de barítono, las emotivas letras y pasional interpretación de Samuel Herring, cuyos movimientos y contoneos tiene como referente ineludible a Ian Curtis, David Byrne, Dave Gahan, Jarvis Cocker o incluso el propio Bowie.

“One step takes me home / Two steps back on my own / Three skips to each stone / Four steps back and I’m gone”, la letra de la canción, ha dicho su vocalista, es una rememoración melancólica de los viejos tiempos de adolescencia cuando caminada a casa, después de la escuela, atravesando la hierba húmeda de los pueblos rurales donde creció, la costa este de Carolina del Norte. “Long way from home!”, sentencia Herring con voz grave, casi gutural, mira y señala con la diestra hacia el techo, luego al público, cierra el puño y lo golpea, como ya es su costumbre, enérgicamente contra el pecho: La nostalgia del hogar atravesada por la ira del tiempo perdido.

Sam Herring y Gerrit Welmer crecieron y fueron a la secundaria juntos en Newport, Carolina del Norte, un pueblito de clase trabajadora y mayoría caucásica de no más de 5 mil habitantes. Sam era el adolescente pensativo que oscilaba entre escribir poesía mórbida, crear versos para una chica que ni siquiera sabía de su existencia e internarse en el mundo del hip-hop freestyle bajo el apodo de Hemlock Erns. Gerrit era el muchacho tímido con pánico escénico que a los 14 años ya tocaba la guitarra con destreza. Se juntaban en casa de Herring a escuchar el Thriller de Michael Jackson y jugar Golden Eye, el popular videojuego de James Bond para Nintendo 64.

Más tarde, mientras son estudiantes en la Universidad del Este de Carolina, conocerán a William Cashion y fundarán Future Islands en 2006. En 2007 la banda tendrá suficiente material para grabar su primer álbum: Wave Like Home; el hogar, siempre la romantización del hogar como uno de sus temas principales… o la ausencia de él. A finales de ese año la banda se traslada a Baltimore donde rápidamente se convierten en un emblema de la escena musical local.

El concierto prosigue con “Beauty of the Road” y “Ran”, pertenecientes a The Far Field (2017), su cuarta y más reciente producción discográfica. El título del disco proviene de un poema del laureado poeta norteamericano Theodore Roethke: “I learned not to fear infinity / The far field, the windy cliffs of forever / The dying of time in the white light of tomorrow…”. Los temas de los Future Islands orbitan siempre un aura melancólica: la nostalgia por el hogar y la familia, la fugacidad y la pérdida del amor, la pequeñez frente a la grandeza y belleza de la naturaleza, el constante acechar de la muerte, la desazón del hombre que contempla, impotente, la finitud de todo lo que le rodea. El de los Future Islands no es rock social o políticamente transgresor, sus preocupaciones son metafísicas y sus motivaciones anímicas.

Lisa y yo apuramos a terminar la cerveza tibia: no se puede bailar a gusto con trago en mano. “A Dream of You and Me” es la clásica cancioncita synthpop pegajosa y melosa que no puedes dejar de tararear y bailar, una canción que podría ser cursi, pero que a través de la franca y emotiva interpretación de Herring se vuelve no sólo sincera, sino real. Le sigue “Time on her side”, romántica pero desgarradora al mismo tiempo: si los Future Islands poetizan el amor y encumbran su luminosidad es sólo para denunciar lo desgarrador de su ausencia, la complejidad de su naturaleza, la vulnerabilidad intrínseca que conlleva: “Every time she goes / Cuts a lil deeper / So the wound will never close”.

La banda sabe moderar el ambiente y al mismo tiempo complacer a sus más viejos fans: a las canciones de sutil romanticismo le siguen las potentes y bailables “Walking Through That Door” y “Long Flight”, que se desprenden de In the Evening Air, su segundo álbum, lanzado en 2010. Muchas de las letras del disco están inspiradas en la ruptura romántica de Herring durante esa época. A pesar de ello, o quizá por ello, el disco es vigoroso e intenso, incluso se podría decir que algunos de sus tracks suenan a punk. El disco, pese a no ser un éxito comercial, recibió buenas críticas y se ganó un fiel público “indie” que reconoció la valentía de una banda que se arriesgaba a un sonido claramente ochentero recién entrada la primera década del nuevo milenio.

Aprovechando la buena recepción de In the Evening Air, después de un año de gira lanzarán On the Water en 2011, su tercer material discográfico. Cinco años de gira interrumpida, la fama y las expectativas de su nueva compañía discográfica (Thrill Jockey) hacen mella en la banda y deciden tomarse un descanso. Para finales de 2013 empezarán a trabajar en su más famoso y pulido álbum: Singles, lanzado en 2014 por el sello independiente británico 4AD. Chris Coady, famoso por haber colaborado con artistas como los Yeah Yeah Yeahs, TV on the Radio, Beach House e incluso los mexicanos Rey Pila, será el productor de este álbum. La recepción positiva de la crítica y los medios es unánime.

El punto culminante en la carrera de la banda será el 3 de marzo de 2014, cuando aparecen en el Late Show with David Letterman, el famoso talkshow neoyorquino transmitido por la cadena CBS. Su increíble interpretación, la brutal voz y carismático performance de Samuel Herring, acompañados de su peculiarísimo baile, convierten al sencillo “Seasons” en un éxito instantáneo. Su primera aparición en televisión en los Estados Unidos, y el posterior video que se volverá viral en internet, traerán consigo el reconocimiento internacional. A finales de ese año, el diario británico The Guardian calificará su interpretación como uno de los momentos más memorables de la cultura pop y al sencillo “Seasons” como la canción del año.

El show con David Letterman marcará un antes y un después para la banda. Después de él vendrán las entrevistas en variedad de medios, las sesiones y giras, la presentación en el estudio de la famosa radiodifusora KEXP de Seattle. De ese exitoso álbum se desprende la siguiente canción de la noche: “Sun in the Morning”, a la que Herring introduce: “This next song is for the person you make coffee for in the morning, or the one that makes coffee for you”. Lisa, quien no ha parado de cantar, me golpea con el codo como en esas mañanas de fin de semana en que, arremolinados en las sábanas, cada uno trata de persuadir al otro de preparar café y traerlo a la cama: es de esas rolas que se prestan a la complicidad con la amada. “She feeds me daily soul, She talks right to my soul” la aparente cursilería de la rola no impide que Herring saque sus movimientos más sensuales y es, quizá, de las más coreadas de la noche.

Le seguirán otras 15 canciones para un total de 23. No faltarán los éxitos obligados: “Seasons (Waiting on You)”, “Balance”, “The Chase”, “A Song for Our Grandfathers”, “Spirit”; ni el recorrido por toda su discografía para complacer a los fans más devotos: “Before the Bridge”, “Cave”, “Through the Roses”, “North Star”, “Tin Man”, “Ancient Water”; y un emotivo encore de cuatro rolas: “Calliope”, “Doves”, “Fall from Grace”, “Little Dreamer”.

A pesar de los siempre característicos grupos de adolescentes, mientras abandonamos El Plaza nos percatamos que el público es, en su mayoría, treintañero. Aquellos fanáticos y deudores del Post-punk de los Talking Heads, Joy Division, Public Image Ltd, Killing Joke, Echo & The Bunnymen; o el New-Wave de Duran Duran, The Clash, Depeche Mode, Orchestral Manoeuvres in the Dark, The Cure o New Order. Por la confluencia de estas dos grandes tendencias, y no sin su dosis de humor, los propios Future Islands describen su música como “Post-wave”.

Una muchedumbre vestida de negro que sigue sacudiendo los hombros mientras tararea los ritmos del potente bajo de Cashion, se esparce por las inmediaciones del Parque España. Es una noche chilanga fresca y húmeda, de esas un tanto taciturnas que siguen a los conciertos de los que uno sale satisfecho y decide, sin importar que tan alejada se encuentre, caminar a casa.

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